¿Y Si Seguimos Pecando?
- Gabriel Miyar

- 24 mar
- 2 min de lectura
Pues todos hemos pecado; nadie puede alcanzar la meta gloriosa establecida por Dios. 24 Sin embargo, en su gracia, Dios gratuitamente nos hace justos a sus ojos por medio de Cristo Jesús, quien nos liberó del castigo de nuestros pecados. 25 Pues Dios ofreció a Jesús como el sacrificio por el pecado. Las personas son declaradas justas a los ojos de Dios cuando creen que Jesús sacrificó su vida al derramar su sangre. Romanos 3:23-25
Antier hablamos del sacrificio de Jesús en todos los campus de IPV. De cómo Jesucristo pagó con su sangre la deuda que teníamos con Dios a causa del pecado y satisfizo la justicia de Dios. Ya no hay más deuda para nosotros, y por eso podemos entrar libremente a la eternidad para vivir para siempre al lado de Dios.
Nuestra deuda con Dios era real, no era imaginaria. Todos nuestros incontables pecados incidían en la justicia de Dios como delitos que perseguir. Esto es tan real, que Jesucristo tuvo que venir a satisfacer la justicia de Dios y pagar por todos esos delitos, como si él los hubiera cometido, para que nosotros pudiéramos quedar libres.
Algunos lo describen como: “Borrón y cuenta nueva.” Y suena fantástico, pero es mucho más que eso. Realmente, se trata de borrón y no hay más cuenta. Es más, es todavía mejor que eso, hay una cuenta positiva con saldo a nuestro favor. La justicia (rectitud) de Cristo nos es adjudicada como si nosotros la hubiéramos practicado y llevado a cabo.
Sí. Jesús perdonó nuestros pecados pasados, presentes y futuros. En términos teológicos, esto se llama “justificación,” por la cual somos considerados justos, igual que Jesús:
Dios nos hace justos a sus ojos cuando ponemos nuestra fe en Jesucristo. Romanos 3:22 (cursivas mías).
Nuestros “pecados nuevos,” no nos regresan a la condenación, ni nos hacen perder nuestra justificación. Ya no nos volvemos a endeudar con Dios.
Pero, estos pecados no son inconsecuentes, sí afectan nuestra relación con Dios, por lo que debemos arrepentirnos de ellos y confesarlos. Lee 1 Juan 1:9:
Pero si confesamos nuestros pecados a Dios, él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.
Esto no es para “salvarnos otra vez,” sino para restaurar la cercanía e intimidad con Dios, para limpiar la conciencia, para volver a caminar en luz. Es como un hijo con su padre; fallarle al padre no hace que deje de ser su hijo, pero si afecta su relación.
Señor, no tengo palabras para expresar mi gratitud ante la magnitud de tu gracia y de tu favor; pero, hazme sensible al pecado, arrepintiéndome de inmediato y confesando mi fallas. Fortaléceme para vivir en santidad creciente.

Comentarios