top of page
Buscar
  • Foto del escritorGabriel Miyar

Volver a Empezar

Al final del libro de Job Dios hace por fin su aparición como una voz estruendosa desde el cielo (“Entonces el Señor respondió a Job desde el torbellino,” Job 38:1). Era esa intervención directa por la cual Job clamaba desesperadamente. Pero no es, por lo menos al principio, una intervención apaciguadora y reconfortante. Porque el Señor sí lo reprende. “Lo ubica”, como diríamos hoy en día. Y es que durante varios capítulos Job llegó a perder la perspectiva y a quejarse amargamente y a atribuirle a Dios propósitos siniestros. Incluso llegó a retar a Dios diciéndole que se presentara personalmente y diera a conocer los cargos que tenía en contra de su persona. Pero cuando Dios finalmente se aparece es Él quien reta a Job:


«¿Quién es este que pone en duda mi sabiduría

con palabras tan ignorantes?

Prepárate, muestra tu hombría

porque tengo algunas preguntas para ti

y tendrás que contestarlas.

¿Dónde estabas tú cuando puse los cimientos de la tierra?

Dímelo, ya que sabes tanto.» (Job 38:2-4)


Después de un largo discurso que abarca cuatro capítulos enteros y que parece un documental de National Geographic Dios guarda silencio y entonces Job admite que nunca había conocido realmente a Dios:


Hasta ahora solo había oído de ti,

pero ahora te he visto con mis propios ojos.

Me retracto de todo lo que dije,

y me siento en polvo y ceniza en señal de arrepentimiento». (42:5-6).


El disgusto de Dios es más con los amigos de Job que con éste. De hecho, amenaza con castigarlos severamente a menos que Job ofrezca sacrificios expiatorios por ellos:


«Tomen siete toros y siete carneros, vayan a mi siervo Job y ofrezcan una ofrenda quemada por ustedes mismos. Mi siervo Job orará, y yo aceptaré la oración a favor de ustedes. No los trataré como se merecen, a pesar de no haber hablado de mí con exactitud, como lo hizo mi siervo Job» (42:8).


El Libro de Job concluye:


Así que el Señor bendijo a Job en la segunda mitad de su vida aún más que al principio. Pues ahora tenía catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil burras. Además dio a Job otros siete hijos y tres hijas (Job 42:12-13).

Aunque se trate de un final feliz, mi hermano Arturo y yo hemos comentado que Job tuvo que volver a empezar. Tuvo que volver a criar un par de ovejitas y una pareja de camellos y una de bueyes. Tuvo que multiplicarlos poco a poco hasta volver a tener grandes rebaños. Volvió a los pañales y a llevar a los niños al kinder. ¡A estas alturas de su vida! Quizás Arturo y yo estamos un poquito sensibles por la etapa que estamos viviendo en nuestra propia vida, pero no deja de ser una realidad que Job tuvo que volver a empezar. A su edad.


Gracias por tus comentarios.

18 visualizaciones1 comentario

1 comentario


Jezlia Quiroz
Jezlia Quiroz
08 sept 2023

Buenos días P. Gabriel,

Nunca terminaré de conocer a Dios en esta Tierra, Su gracia y Sus misericordias son nuevas cada mañana.

Gracias por traer la historia de Job al presente, siempre se aprende mucho de su vida.

Feliz fin de semana

Me gusta
bottom of page