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Una Sed Genuina

  • Foto del escritor: Gabriel Miyar
    Gabriel Miyar
  • 26 may
  • 2 min de lectura

El último día del festival, el más importante, Jesús se puso de pie y gritó a la multitud: «¡Todo el que tenga sed puede venir a mí! 38 ¡Todo el que crea en mí puede venir y beber! Pues las Escrituras declaran: “De su corazón, brotarán ríos de agua viva”». 39 (Con la expresión «agua viva», se refería al Espíritu, el cual se le daría a todo el que creyera en él; pero el Espíritu aún no había sido dado, porque Jesús todavía no había entrado en su gloria). Juan 7:38-39


Estas conocidas palabras de Jesús tienen un timbre tremendamente espiritual, hasta místico y las hemos leído y escuchado no sé cuántas veces, pero, ¿qué significan en la práctica? ¿Qué significa sentir esa sed? ¿Y qué significa que broten de nuestras vidas ríos de agua viva? ¿Qué es todo esto en la práctica?


Empecemos con la sed. Como se imaginan, “tener sed” se refiere a sentir una intensa necesidad del Espíritu Santo. Esto empieza a suceder cuando descubrimos nuestra tremenda ineptitud, nuestra impotencia para lograr nada significativo y duradero. Es habernos dado de topes contra la realidad y descubrir que todo lo que hacemos en nuestras fuerzas, y según nuestros propios criterios, se queda muy corto de satisfacer la voluntad de Dios. Ni siquiera satisface nuestras propias expectativas.


Al darnos cuenta de esto, empezamos a rogar, empezamos a suplicar que el Espíritu Santo realmente halle lugar en nuestras vidas, que tenga más influencia en nuestras mentes y corazones, que podamos rendirnos más a él, seguir su dirección y someternos con su ayuda a la voluntad de Dios. Sin este anhelo sincero aún no sabemos lo que es tener esa clase de sed.


Tener sed del Espíritu es buscar obedecerlo más, dejar cada vez más cosas del mundo fuera de nuestras vidas y adoptar las cosas que ama el Espíritu. Es sentirnos desesperados al ver que nuestras vidas no reflejan la clase de santidad que evidencia la presencia del Espíritu Santo en nuestros corazones y clamar: “Purifícame de mis pecados, y quedaré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la nieve… Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu fiel dentro de mi.” (Sal.51:7, 10).


Tener sed del Espíritu es estar dispuesto a hacer lo que tengamos que hacer para que el Espíritu Santo se manifieste más en nuestras vidas, no importa lo que tengamos que invertir, a donde tengamos que ir, cuántas veces tengamos que pasar al frente, ¡no importa! somos como el ciervo que gime por las aguas.


“Hazme saber, Señor, mi fin,

y cuánta sea la medida de mis días;

sepa yo cuán frágil soy.”

— Salmo 39:4 (RVR60)

 
 
 

1 comentario


Alex Sandoval
Alex Sandoval
26 may

amen!!!

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