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Una Labor Conjunta

  • Foto del escritor: Daniela Orozco
    Daniela Orozco
  • 25 jun
  • 2 min de lectura

En cambio, dejen que el Espíritu les renueve los pensamientos y las actitudes. 24 Pónganse la nueva naturaleza, creada para ser a la semejanza de Dios, quien es verdaderamente justo y santo. 25 Así que dejen de decir mentiras. Digamos siempre la verdad a todos porque nosotros somos miembros de un mismo cuerpo. 26 Además, «no pequen al dejar que el enojo los controle» Efesios 4:23-26a NTV


Estos hemos estado hablando de la importancia de conocernos a nosotros mismos, algo esencial si queremos tener una espiritualidad sana y madura.


Este pasaje de Efesios es muy revelador, a la vez que nos habla de un misterio: la renovación de nuestro interior es un trabajo que hacemos en colaboración con el Espíritu Santo. Primero, en el versículo 23 dice que es el Espíritu quien nos renueva en nuestros pensamientos y actitudes, pero después en el versículo 24 dice que somos nosotros quienes nos ponemos la nueva naturaleza.


No se trata de descifrar un enigma respecto a cuanto debo poner de mi parte y cuanto hace Dios por su cuenta. Más bien, se trata de entender que la transformación de nuestro interior es algo que demanda nuestro esfuerzo y la gracia divina. Es decir, no hay manera de tener sanidad emocional y santidad sin el poder sobrenatural del Espíritu, pero Él no hace el trabajo que solo nosotros podemos hacer.


Además, veo que es claro que esta renovación interior es algo completamente espiritual. Desafortunadamente, muchos creyentes han llegado a creer que trabajar en su mente o acudir a un psicólogo son cosas demasiado mundanas, como si pudieran separar sus emociones de su espíritu. Por otro lado, también existe en nuestra cultura un énfasis desmedido por el bienestar interior sin cuidar lo espiritual, como si no fuéramos seres espirituales. Sin embargo, una lectura honesta de la Biblia nos muestra que trabajar en nuestra sanidad emocional es algo profundamente espiritual.


Finalmente, pienso que este pasaje nos enseña que las emociones no son malas en sí mismas. En este caso, no dice que debas dejar de sentir enojo por completo, sino que debes poner atención en no ser dominado por el enojo. Por lo tanto, nosotros necesitamos hacer un alto y retroceder para identificar si hay emociones que nos están dominando, reflexionar en cómo sucede esto y entonces encontrar una manera más sana de vivir nuestras emociones.


Señor, ayúdanos a conocernos mejor, a vernos como realmente somos, pero contenidos en Tu presencia. Que podamos ser cada vez más y más transformados a la imagen de Tu Hijo. Amén.

 
 
 

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