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Una Circuncisión Moderna

Adrian Moreno
hace 2 días
2 min de lectura

En Gálatas 2 encontramos a Pablo confrontando a Pedro porque, por temor a ciertos creyentes relacionados con la circuncisión, comenzó a apartarse de los gentiles. Detrás de este conflicto estaba una verdad fundamental: la salvación no se obtiene por las obras de la ley, sino por la gracia de Dios mediante la fe en Jesucristo. La circuncisión no era el problema en sí misma; el problema era convertirla en un requisito para ser justificados delante de Dios.


Hoy podemos cometer el mismo error, aunque con otras formas. Podemos caer en una especie de circuncisión moderna: creer que necesitamos añadir algo a la obra de Jesús para obtener Gracia y Justificación y para alcanzar plenitud espiritual, libertad o aceptación delante de Dios.


Algunos buscan respuestas en el misticismo o en prácticas espirituales que desplazan su confianza de Cristo. Otros depositan su esperanza en filosofías humanas, falsas doctrinas o enseñanzas que prometen plenitud sin rendirse a Jesús. No todo tiene un matiz esotérico, puede tratarse de una “circuncisión en el ego.” Es por lo que hago, es por mi sacrificio, yo tengo el poder para sanarme, yo tengo poder para decretar cosas en mi vida y se hagan realidad.


También existe el peligro de pensar que nuestros méritos, actividades o cumplimiento de reglas nos hacen más dignos del amor de Dios.


¡Pero el evangelio no funciona así!


Gálatas 2 nos recuerda que no solamente somos salvos por gracia mediante la fe, no por obras, sino que todo avance que podamos lograr en nuestra vida de fe, proviene de la gracia de Dios, y no de nuestros esfuerzos humanos. No debemos añadir nada, ¡Jesús es suficiente!


Estamos llamados a examinar todo a la luz de la Palabra y no permitir que ninguna práctica, filosofía o tradición ocupe el lugar que le corresponde a Jesús.


Pablo declara en Gálatas 2:21 que si la justicia se obtuviera por la ley, entonces Cristo habría muerto en vano.


¡Qué verdad tan poderosa! La cruz no necesita complementos. El sacrificio de Jesús no necesita que nosotros hagamos algo más. Jesús es suficiente para salvarnos, justificarnos, regalarnos vida eterna, reconciliarnos con nuestro Padre Celestial y darnos una nueva vida. Esto no elimina nuestra responsabilidad de crecer, arrepentirnos y obedecer; nos recuerda que todo comienza con su gracia y depende de su obra redentora.


Hoy debemos preguntarnos: ¿estoy confiando plenamente en Cristo o estoy intentando añadir algo más a lo que Él hizo por mí?


No necesitamos otro salvador, otra fuente de poder espiritual ni méritos humanos para completar la cruz. Necesitamos conocer más a Jesús, permanecer en su Palabra y vivir bajo su Señorío.


Iglesia no añadamos al evangelio lo que Cristo nunca pidió. No busquemos fuera de Él lo que solamente Dios puede darnos. ¡Permanezcamos centrados en Cristo!

 
 
 

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