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Una Carga Imposible

  • Foto del escritor: Gabriel Miyar
    Gabriel Miyar
  • 1 abr
  • 2 min de lectura

«Cristo es la Persona a Quien Dios asignó para “ofrecer como un sacrificio para obtener el perdón de pecados, el cual se recibe por la fe en su sangre” (Romanos 3:25). Él es El que el Padre ha marcado y seleccionado de entre todos [los seres celestiales] y ha presentado como escogido para hacer expiación (el instrumento de perdón) por los pecadores, como el cordero era seleccionado del rebaño y apartado para la Pascua.


«Por lo tanto, cuando Satanás forma una fila con todos tus pecados, para confrontarte con ellos uno a uno en toda su severidad, tu fe debe correr a ponerse bajo el abrigo de la Roca Divina: “Con toda seguridad” —dirá tu fe— “mi Salvador es infinitamente más grande que mis mayores pecados. Con mis dudas, estaría rechazando la sabiduría de la decisión de Dios.” Dios sabía la gigantesca carga que tenía que poner sobre los hombros de Cristo, pero estaba completamente persuadido de la fuerza de su Hijo para sobrellevarlos. Una fe débil puede salvar, pero un Salvador débil, no.


«La fe se recarga sobre el brazo de Cristo, pero Cristo no tuvo en quien recargarse al enfrentar la cruz. Si la carga de nuestros pecados lo hubiera vencido, nadie en el cielo ni en la tierra, podía haberle ayudado a sobrellevarla.»


Así reflexiona el pastor puritano William Gurnall (1616-1679) en su obra El Cristiano en Completa Armadura. Jesús es el Cordero de la Pascua que cargó con todos nuestros pecados ¡y que carga tan enorme nos revelan estos párrafos escritos hace 400 años! Jesús es el cordero de la Pascua cuya sangre derramada y aplicada a nuestros corazones por la fe, nos salva de la condenación eterna. Su sacrificio es perfectamente eficaz para cancelar nuestra deuda y satisfacer la justicia de Dios. «Cuándo Dios entregó a su hijo por nosotros»—dice Gurnall— «declaró con ello el mayor de los odios en contra del pecado y el amor más intenso por la justicia.» Sí. Jesús es la medida del odio de Dios contra el pecado y del valor que le da a la justicia y la rectitud.


Piensa en esto, mientras perseveras en tu lucha contra el pecado.


Señor mi Dios, al reflexionar en la carga que llevó mi Señor Jesucristo con mis pecados y todos los de la humanidad, me doy cuenta del odio que sientes hacia la maldad y el pecado y el valor que le das a la rectitud y la justicia. Fortaléceme en mi lucha contra el pecado, lléname de tu Espíritu Santo el día de hoy para agradarte en todo lo que piense, haga y deje de hacer. Amén.

 
 
 

1 comentario


Nangy Rodriguez
Nangy Rodriguez
02 abr

Amen

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