top of page

Un Ex-científico Tocado por la Gracia

  • Foto del escritor: Gabriel Miyar
    Gabriel Miyar
  • 14 nov 2025
  • 2 Min. de lectura

Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios; si poseo todo conocimiento, si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. 1 Corintios 13:2


Yo vengo de un trasfondo auténticamente científico. No era una postura para parecer interesante. Cuando de joven, por ejemplo, estudiaba ese organelo celular, la mitocondria, encargado de la respiración al nivel más básico, el de la célula —donde el agua (H2O) que ingerimos se rompe en un radical hidroxilo (OH) y un protón (H)— me emocionaba tanto ante la complejidad y elegancia de los sistemas moleculares involucrados que se me salían las lágrimas. ¡Tanto era mi deleite de poder explorar esa maquinaria maravillosa y entenderla! El protón (H) era empujado, con gasto de energía, contra gradiente. Como subir agua a un tinaco con un motor, para luego descargarla y producir trabajo. En este caso para mover un hermoso rotor molecular ultramicroscopico que ensambla ATP, el combustible energético universal de la célula. Si no entendiste nada de esto, está bien, te robé un minuto para que me creas que realmente tengo un trasfondo científico.


Al principio de mi pastorado, seguí este mismo modelo. Descubrir y enseñar cada misterio de la Biblia con un gran rigor interpretativo. Desmenuzar cada pasaje cómo si estuviera usando un espectrómetro para hallar la estructura molecular de un compuesto. ¡Pobre de mi congregación!


Yo lo que quería era explicarles la Biblia de tal manera que la conocieran lo más a fondo posible y la pudieran aplicar a sus vidas y compartir. Pero, como buen ex-científico loco, me hacía falta desarrollar lo más importante de todo, un corazón de amor. Gracias a Dios que tuvo a bien revelarme su gracia y ésta me fue alejando de ese camino de “pureza” doctrinal que produce congregaciones cerradas, legalistas y soberbias. Hoy me da risa pensar en todo por lo que hice pasar a mi temprana congregación al principio. Gracias a Dios la mayoría de ellos permanecieron fieles en lo que se operaba un cambio fundamental en mi vida.


Hoy, después de tantos años, lo que más valoro como líder son las personas; todavía sigo aprendiendo a estas alturas, pero mi corazón está bien fijo en amar resueltamente y con gran compasión a todas las ovejas, de todo tipo y nivel de crecimiento. Siento un profundo pesar por las personas que he lastimado a lo largo de mi carrera pastoral, y le pido al Señor que me conceda la oportunidad de hacer enmiendas y poder compensar con mucho amor a todas ellas aún cuando pudiera parecer demasiado tarde.


Sí, lo más importante en la vida de un líder diferente es clamar por, y desarrollar, de manera intencional un corazón de amor.


«Señor, enséñame que lo más importante para un líder son las personas y que lo mejor que puede hacer con su corazón quebrantado es amar resueltamente y en todo tiempo.»

 
 
 

Comentarios


bottom of page