Un Corazón Quebrantado
- Gabriel Miyar

- 10 nov 2025
- 2 Min. de lectura
El sacrificio que sí deseas es un espíritu quebrantado;
tú no rechazarás un corazón arrepentido y quebrantado, oh Dios. Salmo 51:17
Ayer vimos el sórdido escándalo moral del rey David. Con mucho pesar de mi corazón saqué los trapitos de David al sol, tal y como lo hace la Escritura, para hablar acerca de la esencia del corazón que Dios busca en sus líderes. Obviamente Dios busca líderes santos, que lleven una vida moral intachable. El caso del rey David es el caso extremo en el que un corazón conforme al de Dios —que asume la responsabilidad y se pone de acuerdo con Dios en las consecuencias (“Tu sentencia es justa, y tu juicio, irreprochable.” Sal. 51:4)— te puede salvar la vida cuando le has fallado a Dios por completo. Pero, lo que buscamos es mantenernos muy lejos de estos extremos, un corazón conforme al de Dios buscará intensamente agradarlo en todo.
Pero, es también el caso de Pedro, que después de traicionar a Jesús negándolo cobardemente, “salió del patio llorando amargamente” (Luas 22:62) a vivir por un tiempo atormentado por la culpa y profundamente arrepentido. Con este corazón quebrantado, está listo para recibir la gracia de Jesús, quien jamás le reprocha lo que hizo, sino que lo confirma en el llamado que le había hecho antes de fallar: “pastorea a mis ovejas.”
La gracia de Dios es extremadamente desmedida. Y lo más maravilloso de todo es que está diseñada para llenar el corazón humilde y quebrantado. Cómo sucedió con el piadoso rey Josías al ser presentado con la ley de Moisés. ¡Esta se había perdido en el cuarto de los tiliches del templo del Señor por decadas! Josías profundamente conmovido y lleno de arrepentimiento en representación de su pueblo idólatra y corrupto, mandó a consultar a la profetiza Hulda (que mencionamos cuando hablamos de liderazgo de las mujeres) para ver qué quería el Señor que él hiciera. El Señor le respondió a través de ella:
Por cuanto tu corazón se ha conmovido y te has humillado delante del SEÑOR cuando escuchaste lo que he pronunciado contra este lugar y contra sus habitantes (que vendrían a ser objeto de horror y maldición), y por cuanto rasgaste tus vestiduras y lloraste en mi presencia, yo también te he escuchado, dice el SEÑOR
(2 Reyes 22:19 RV’2015).
Te invito a que juntos nos acerquemos delante del Señor con un corazón completamente sincero y abierto a su gracia.
«Señor, examíname, quiero asegurarme de tener un corazón tierno y sensible, humilde y quebrantado. Y si no es así, te pido con David, “crea en mí Dios un corazón limpio, y un Espíritu recto dentro de mí.”»

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