Tu Vida Pública Depende de tu Vida Privada
- Daniela Orozco

- 26 nov 2025
- 2 Min. de lectura
Sin embargo, la fama de Jesús se extendía cada vez más, de modo que acudían a él multitudes para oírlo y para que los sanara de sus enfermedades. Él, por su parte, solía retirarse a lugares solitarios para orar. Lucas 5:15-16 (NVI)
En esta serie hemos estado hablando de la importancia de desarrollar un liderazgo que sea diferente a lo que vemos en la sociedad, pues creemos que cada uno de nosotros tiene un llamado a ser líder. La definición más básica de liderazgo es tener influencia en otras personas y cada uno de nosotros influye en la vida de otros. Por lo tanto, no podemos dejar de ser líderes, así que solo tenemos la opción de esforzarnos conscientemente en hacerlo bien o simplemente influir de manera descuidada en las personas a nuestro alrededor.
Un lugar fundamental en donde somos una influencia determinante es en nuestra familia. Lamentablemente, en nuestra sociedad hay un alto porcentaje de familias con padres o madres ausentes. Esto también impacta la realidad de las personas que asisten a la iglesia y se refleja en el alto porcentaje de jóvenes que abandonan su fe por no encontrar maneras de llevarla a la práctica o por percibir una falta importante de integridad en los adultos a su alrededor.
Nosotros estamos llamados a ser líderes que influencien para bien a nuestras generaciones más jóvenes y a enseñarles cómo se ve una vida cristiana genuina en la práctica. Por esto es tan importante crecer en carácter.
Como te decía antier, el carácter se desarrolla en privado. Nuestras disciplinas y decisiones diarias cultivan el carácter que tenemos ahora. Jesús tenía una fama cada vez más grande, cómo puedes ver en la cita que encabeza esta reflexión, pero Él seguía enfocado en buscar al Padre en privado. Esta disciplina era lo que le permitía conocer la voluntad de su Padre y mantenerse enfocado en su misión, además de que lo protegía del efecto corruptor de la fama.
Nosotros necesitamos hacer un alto y reflexionar acerca de cómo es nuestro carácter ahora y qué hacemos para mantenerlo así. Entonces podemos evaluar si queremos continuar de la misma manera o hacer las modificaciones necesarias en nuestras disciplinas personales. Esto es lo que se conoce como mayordomía del ser y se trata de comprender que vamos a darle cuentas a Dios de lo que hacemos con nosotros mismos.
«Señor, hazme consciente de que mi vida pública se construye o se destruye sobre la base de mi vida privada y de lo que hago en tu presencia, y de cómo te busco, o no, todos los días.»

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