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  • Foto del escritorGabriel Miyar

Siempre Contentos

No amen el dinero; estén contentos con lo que tienen, pues Dios ha dicho: «Nunca te fallaré. Jamás te abandonaré» Heb. 13:5


En este tiempo de ayuno, y en esta semana en particular, ha estado saliendo mucho la cita de Mateo 6:33. “Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y él les dará todo lo que necesiten” (NTV). La NVI dice: “Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, entonces todas estas cosas les serán añadidas.”


Busca primero el Reino de Dios y busca llevar una vida recta, y todo lo demás te será añadido. La palabra “primero” establece la prioridad, primero esto, luego vendrá lo otro. Sí, pero si yo busco el reino de Dios para que lo demás me sea añadido, ya la prioridad cambió. Ya la prioridad está en la añadidura y no en lo primero. Ya dejó de ser “añadidura.” Por eso esta palabra es tan significativa. Ahora ya la búsqueda de Dios se convirtió en una añadidura a mi búsqueda de bienestar y prosperidad. Y muchas personas viven vidas así, se congregan, oran, estudian la Palabra, participan en actividades, todo para que Dios los bendiga.


Y Dios sí quiere bendecirnos y darnos todas estas cosas—Como buen Padre que es, por supuesto que quiere y se goza en proveernos todo lo necesario: «Nunca te fallaré. Jamás te abandonaré.» Pero, Él sabe que si ponemos todas estas cosas válidas en primer lugar, entonces terminaremos en la idolatría, y no en una adoración al Dios verdadero.


Igual con el contentamiento. El contentamiento es un antídoto contra la ambición y la avaricia. Pues, aquí hay otro delicado balance. No está mal desear progresar y prosperar, hay una ambición legítima. Es un anhelo genuino que Dios mismo puso en el corazón humano. Evita la mediocridad y el conformismo. Pero, hay una línea delgada que, si la cruzamos, caemos de nuevo en la idolatría de la avaricia. El antídoto contra esto es estar contentos con lo que tenemos al presente. Sabemos que hemos cruzado la línea cuando el contentamiento desaparece. Entonces empezamos a quejarnos de no tener y podemos caer en envidiar a otras personas. Así, poco a poco vamos entrando en un estado de descontento que nos ciega para ver las bendiciones que ya tenemos y nos puede lanzar a una búsqueda primaria de lo material.


«Señor, te ruego con todo mi corazón que no me dejes desviarme de mi prioridad última que es buscar tener una vida plena contigo y ser usado por ti para establecer tu Reino. También te pido que me des contentamiento con lo que tengo. No que deje de anhelar estar mejor, pero que esto no rompa mi paz. Dame un corazón agradecido que sepa apreciar todas las bendiciones que me has dado. En el nombre de Cristo Jesús, amén.»


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