Sensible... ¿Sí, pero Cómo?
- Gabriel Miyar

- 13 may
- 3 Min. de lectura
Si alguien quiere obedecer a Dios, podrá saber si yo enseño lo que Dios ordena, o si hablo por mi propia cuenta. Juan 7:17 (TLA).
En estos primeros dos días de la serie acerca del Espíritu Santo, hemos hablado del corazón endurecido. De cómo el corazón endurecido crea una fuerte resistencia al Espíritu Santo. Pero, la pregunta hoy es: ¿Qué podemos hacer para no ser resistentes, sino sensibles al Espíritu Santo?
Desde que yo tengo memoria, como joven pastor, se me hacía agua la boca cuando Jesús, sobre todo en el evangelio de Juan, hablaba de su increíblemente cercana relación con el Padre, y su sintonía con él. Yo anhelaba tener esa relación tan cercana con Jesús que pudiera estar en sintonía con él y escuchar su voz (no audiblemente), revelándome la voluntad de Dios para cada situación que se presentará en mi vida y en mi pastorado.
Tendrían que pasar muchos años —demasiados— para que esto empezará a cumplirse en mi vida, y sólo es recientemente que puedo decir que estoy escuchando más claramente la voz de Dios.
¿Qué fue lo que hice? Bueno, primero que nada reconozco que ha sido la gracia de Dios operando en mi vida, no fueron mis fuerzas. Pero, me dediqué a cooperar con la gracia, haciendo lo que me tocaba hacer. Me dediqué a clamar, hice de ello mi gran motivo de oración y mi petición más encarecida: “¡Quiero oir tu voz! ¡Lo quiero más que cualquier otra cosa en esta vida!” “¡Quiero entender tu voluntad para obedecerla!” Y quizás esto último, esta dedicación a obedecer todo lo que yo sintiera que venía de parte de Dios —sabiendo que me equivocaría muchas veces— fue la clave en esta nueva capacidad de escuchar su voz.
Además, empecé a perseguir la santidad con una seriedad como nunca antes, como cuando dice: “…y [per]sigan la santidad, sin la cual nadie verá al señor,” Heb.12:14. No estoy diciendo que ya lo logré, para nada, pero lo que sí he logrado es hacer de la búsqueda diaria de la santidad mi misión, arrepintiéndome por mis fallas, levantándome y rededicándome a seguir la santidad con todas mis fuerzas y sin desanimarme.
En mis tiempos con Dios, yo pensaba que se trataba de que yo le preguntara algo a Dios y me quedara callado esperando su respuesta. Y si, tal vez esta es una manera de hacerlo, pero conmigo ha sido un poco diferente. Al estar orando por los diferentes temas, y poniendo toda mi concentración en clamar y pedir que se me revele su voluntad en algún asunto en particular, con el tiempo me han empezado a venir pensamientos mientras aún estoy preguntando o aún antes de preguntar. Estoy tomando muy en serio, lo que me viene a la mente en mis tiempos de concentración en la presencia de Dios, haciendo lo que creo que me dice. Como mencioné, me equivoco y muchas veces la riego, pero pido perdón, sobre todo, si afecto a alguien más, y me levanto con toda la confianza de que, poco a poco, iré entendiendo mejor lo que Dios quiere de mi.
Si tú quieres lo mismo, tal vez mi humilde experiencia te pueda servir de ayuda.
“Señor, te pido que a quien lea esta reflexión con verdadera hambre de aprender a oír tu voz, le reveles progresivamente tu voluntad, por medio de tu Espíritu Santo, amén.

Grax x compartirlo 🙏🏻