Saúl No Cultivó su Nuevo Corazón
- Gabriel Miyar

- 12 nov 2025
- 2 Min. de lectura
En ese momento el Espíritu del Señor vendrá poderosamente sobre ti y profetizarás con ellos. Serás transformado en una persona diferente. 1 sam. 10:6
Habiendo visto ayer el corazón de Saúl, hoy quiero hacer mención de un hecho inquietante y no estoy seguro de que tengo la respuesta definitiva. Pero lo voy a intentar.
En 1 Sam. 10:6, cuándo Samuel unge por primera vez a Saúl (hubo otra uncion más pública), le dice, entre otras cosas: “En ese momento el Espíritu del Señor vendrá poderosamente sobre ti y profetizarás con ellos. Serás transformado en una persona diferente.” Y luego reporta el autor en el v.9: “Mientras Saúl se daba vuelta para irse, Dios le dio un nuevo corazón, y todas las señales de Samuel se cumplieron en ese día.”
Dios ya le había dado un nuevo corazón por medio del Espíritu Santo. Saúl tenía todo lo que se necesitaba para hacer la clase de rey y que Dios esperaba que fuera, pero Saúl no hizo caso de un principio crucial, que Pablo muchos siglos después pondría en palabras muy claras: “Por eso les digo: dejen que el Espíritu Santo los guíe en la vida. Entonces no se dejarán llevar por los impulsos de la naturaleza pecaminosa” (Gál. 5:16).
Pero Saúl hizo exactamente lo contrario de esta instrucción, se dedicó a alimentar los impulsos de su naturaleza pecaminosa. En lugar de cultivar el nuevo corazón que ya tenía por el Espíritu Santo, se dedicó a ceder ante los impulsos de su carne. La impaciencia, el ceder ante los deseos de los demás por miedo a ofenderlos, los celos que se permitió sentir hacia David. La violencia que cultivó durante todo este tiempo y, finalmente, el no importarle acudir a una adivina con tal de salirse con la suya. Se dedicó por completo a alimentar su naturaleza pecaminosa.
Insisto, Dios le había dado todo lo que necesitaba para ser el rey que el que Dios quería que fuera. Pero Saúl se dedicó a ceder ante las tendencias de su carne y dejó de cultivar la presencia del Espíritu Santo.
Para David, por otro lado, lo más importante que tenía en la vida era el Espíritu Santo. Como dijimos, David estuvo dispuesto a perderlo todo, pero no al Espíritu Santo. Él pidió una oportunidad de volver a cultivar la presencia del Espíritu Santo y Dios se la concedió y por eso pudo terminar su carrera y cumplir su misión, aún con mucho sufrimiento, pero finalmente cumplir su misión en la vida.
Yo quiero retomar la instrucción de Pablo, y animarte a que con todo tu corazón cultives la presencia del Espíritu Santo, buscando agradar a Dios en todas las cosas, siendo obediente a su palabra, y valorando por encima de todo el estar en la presencia de Dios y tener su presencia en el corazón. «Todo esto te lo pedimos, Padre, en el nombre de Jesús, Nuestro Salvador.»

Comentarios