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  • Foto del escritorGabriel Miyar

Sacerdotes de Sacerdotes


Pero ustedes son descendencia escogida, sacerdocio regio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable. (1 Pe. 2:9, NTV).


Por años yo había escuchado que ahora en el Nuevo Testamento, gracias al sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo, el sacerdocio exclusivo y circunscrito a una de las 12 tribus de Israel, era conferido a todos los creyentes. Esto es algo revolucionario que tiene muchas implicaciones, entre ellas que ya no necesitamos mediadores humanos entre Jesucristo y nosotros. Podemos acudir directamente a Cristo o al Padre, confesarnos y recibir perdón sin la mediación de ser humano alguno.


Otra es que ya no existen dos clases de creyentes, un clero dedicado exclusivamente al servicio a Dios y un laicado compuesto por “gente común y corriente” que no oficia en los servicios ni puede administrar sacramentos.


En contraste con esto, en el Nuevo Testamento todos los creyentes son ministros y tienen funciones sacerdotales. Sus funciones sacerdotales, dentro y fuera del hogar, incluyen, por ejemplo, y de manera sorprendente, el poder escuchar la confesión de sus compañeros: “…confiésense sus pecados unos a otros, y oren unos por otros para que sean sanados. La oración eficaz del justo puede lograr mucho” (Stgo. 5:16, NTV).


Esto no quiere decir que ya no necesitemos líderes o ministros especializados, por llamarles de alguna forma. Sí los necesitamos, y más que nunca. Pero estos líderes son parte integral del pueblo de Dios y solamente se diferencian de sus hermanos en función, no en valía o cercanía con Dios. La función de estos ministros es entrenar a todo el pueblo de Dios para hacer la obra del ministerio (Efes. 4:11-12). Todos los creyentes son ministros de Dios. Y los líderes son “ministros de ministros,” que existen para capacitarlos y mantener ante ellos una visión clara de lo que Dios desea hacer en la tierra.


Dentro de esta increíble realidad, una de las cosas más prácticas donde se aplica, y multiplica, este concepto de nuestro sacerdocio universal es en la familia. Papá y mamá tienen un maravilloso papel que desempeñar como sacerdotes domésticos. Y como todos somos sacerdotes, padres e hijos, papá y mamá son “sacerdotes de sacerdotes.” Y el hogar es uno de esos lugares donde los jóvenes sacerdotes, hombres y mujeres, aprenden el oficio. Lo hacen también en la iglesia, por supuesto, pero el hogar es el lugar primario donde comienzan a prepararse para este sacerdocio universal.


¿Cómo te hace ver esto tu función en el hogar y en la iglesia?

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