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  • Foto del escritorGabriel Miyar

Sacerdote Preventivo


Los hijos de Job se turnaban en preparar banquetes en sus casas e invitaban a sus tres hermanas para que celebraran con ellos. 5 Cuando las fiestas terminaban—a veces después de varios días—Job purificaba a sus hijos. Se levantaba temprano por la mañana y ofrecía una ofrenda quemada por cada uno de ellos, porque pensaba: «Quizá mis hijos hayan pecado y maldecido a Dios en el corazón». Esta era una práctica habitual de Job. (Job 1:4-5, NTV).


Sí, antes de qué hubiera sacerdotes profesionales estaban papá y mamá.


Los hijos (siete) y las hijas (tres) de Job y Mrs. Job eran muy unidos y se reunían periódicamente para comer juntos, al parecer en banquetes caracterizados por la abundancia. El hecho de que se turnaran las casas me suena significativo. Me habla de que les iba bien en la vida, a todos en general. Me llama la atención también que no se olvidaban de invitar a sus hermanas. En general me suena a un cuadro positivo de la vida familiar de job.


Sin embargo, no todo debe haber sido ideal, puesto que Job tenía la costumbre de ofrecer a Dios sacrificios de propiciación por el pecado de sus hijos después de estas fiestas. Por algo debe haber sido. Pero, no tenemos que pensar que fueran fiestas desenfrenadas o caracterizadas por la inmoralidad, ya que Job aduce a algo más sutil en el corazón de sus hijos, a saber la posibilidad de que hubieran maldecido a Dios… internamente. Nada tan grosero como para ser abierto y evidente. Al parecer, la idea es de insultar a Dios haciendo alarde de grandeza (después de todo, como vimos seguramente eran ricos). Tal vez algo que tenía que ver con el pecado de orgullo. Como quiera que sea, el caso es que Job cubría todas las bases. The Message dice: “Job tenía la costumbre de hacer este sacrificio expiatorio, en caso de qué hubieran pecado.”


El cuadro que esto nos pinta es de un hombre extremadamente íntegro y escrupuloso, que consideraba no sólo los hechos, sino las posibilidades, adelantándose a las situaciones pecaminosas en las que sus hijos pudieran incurrir.


Nuestra labor sacerdotal en casa incluye estar atentos a la vida espiritual de nuestros hijos. Se trata de ser más astutos que el diablo y anticiparnos a sus estratagemas y maquinaciones. Si sabemos, por ejemplo, que uno de nuestros hijos tiene problemas económicos, podemos orar que sea librado de la tentación a hacer algo turbio o de dejar de cumplir con Dios en sus diezmos y ofrendas. Cosas así.


¿Qué otras cosas se te pueden ocurrir?


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