Rodeado de Criminales
- Gabriel Miyar

- 23 dic 2025
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Pero el otro criminal lo reprendió: —¿Ni siquiera temor de Dios tienes, aunque sufres la misma condena? 41 En nuestro caso, el castigo es justo, pues sufrimos lo que merecen nuestros delitos; este, en cambio, no ha hecho nada malo.
Lucas 23:40-41 (NVI).
Lucas 23 narra la crucifixión de Jesús. Es un capítulo doloroso de leer, pero a la vez nos muestra la magnitud del amor de Nuestro Señor Jesucristo por nosotros. A mí me fascina el asunto de los otros criminales alrededor de Jesús. Son muy representativos de la humanidad, y creo que por eso los menciona en detalle Lucas.
Muchas veces me han escuchado decir que Barrabás, quien estaba programado para ser ejecutado ese día —y que fue indultado y quedó libre, tomando Jesús su lugar— nos representa a todos nosotros que hemos creído en Jesucristo. Jesús pagó nuestros crímenes siendo inocente y nosotros, siendo culpables, salimos libres por la gracia de Dios.
Los otros dos criminales, uno a cada lado de Jesús, representan a toda la humanidad. Así como un uno de ellos aún estando a las puertas de la muerte, tachó de fraude a Jesús, insultándolo (v.39) y burlándose de él, representa a una gran parte de la humanidad que rechaza a Jesús o no confía en él para su salvación.
El otro criminal, estando en el mismo tormento, reprendió al primer criminal (v.40) y se volvió hacia Jesús y le dijo: “acuérdate de mí cuando vengas en tu reino,” creyendo que Jesús era quien decía ser y que regresaría de la muerte, expresó así una fe salvadora. Este representa a esa parte de la humanidad que decide poner su confianza en Jesús para salvación.
Además, y esto es muy importante, representa como la salvación no depende de las obras buenas, pues él no tuvo tiempo de hacer ninguna obra buena. De hecho, estaba allí porque sus malas obras superaban infinitamente a cualquier buena obra que pudiera haber hecho. Esto ilustra como la salvación eterna es por gracia y no por obras (Efe.2:8-9). Jesús le dijo: “Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso” (v.43). Directo y sin escalas. ¡Deuda saldada por completo, entrada libre al cielo! Así es la salvación por fe. Una salvación que a Jesús le costó todo y a nosotros nada.
«Señor Jesús, por tu gracia, ya no te debo nada. Acepto esa salvación gratuita que me das por tu infinito amor. Tú eres mi salvador y Señor por la eternidad. Amén.»

Amen!