Retroceder para Avanzar
- Jenny Monteverde
- 24 jun
- 2 min de lectura
Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón;
pruébame y conoce los pensamientos que me inquietan.
Señálame cualquier cosa en mí que te ofenda
y guíame por el camino de la vida eterna. Salmo 139:23-24 NTV
Muchas veces creemos que el pasado quedó atrás, pero la realidad es que aquello que no ha sido sanado sigue influyendo en nuestro presente. Nuestras heridas, temores, inseguridades y patrones familiares suelen aparecer en nuestras relaciones, decisiones y en la manera en que reaccionamos ante las circunstancias de la vida.
La historia de José es un ejemplo poderoso. Rechazado por sus hermanos, vendido como esclavo, traicionado y olvidado, José tenía razones suficientes para vivir marcado por el resentimiento. Sin embargo, cuando finalmente se encuentra cara a cara con quienes lo habían herido, descubrimos que el proceso de sanidad no había sido instantáneo. José los reconoce, pero inicialmente les habla con dureza. Aquella primera reacción podemos especular revelaba que el dolor de su historia aún estaba presente.
Muchas veces nos sucede lo mismo. Decimos que hemos perdonado una situación o que ya no nos afecta. Sin embargo, cuando volvemos a encontrarnos con una persona o una circunstancia relacionada con aquella herida, nuestras emociones revelan que todavía hay áreas que Dios desea sanar.
Lo hermoso de la historia de José es que no terminó siendo definido por su dolor, con el tiempo permitió que Dios transformara su corazón. Cuando finalmente se reveló a sus hermanos, pudo ver la obra redentora de Dios por encima de la traición que había sufrido. En lugar de transmitir el dolor que recibió, decidió extender gracia, perdón y restauración.
Porque sabes, lo que no transformas, lo transmites. Las heridas no atendidas suelen reproducirse de generación en generación (Exodo 20:5 y 6), el rechazo produce rechazo. La ira produce ira. El temor produce temor. Sin darnos cuenta, terminamos entregando a otros aquello mismo que nos lastimó.
Pero también lo que Dios transforma puede bendecir generaciones. Cuando permitimos que el Señor sane nuestras heridas, rompe ciclos que parecían inevitables. La gracia que recibimos comienza a alcanzar no solo a nuestras generaciones sino tambien a los que nos rodean.
Por eso David oraba: "Examíname, oh Dios". Él entendía que solo Dios puede revelar las heridas, patrones y reacciones que hemos normalizado. Lo que Dios revela, también desea sanarlo.
La sanidad comienza cuando dejamos de esconder nuestras heridas y permitimos que Dios las examine con amor.
Quizá hoy el Espíritu Santo te está mostrando una herida, un patrón o una reacción que has cargado durante años. No la ignores. Entrégasela a Dios. Porque cuando Él transforma una vida, no solo cambia una historia; puede cambiar generaciones enteras.

amen 🙏
Amén 🙏🏻