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¿Quien Quiere Dios que Yo Sea?

  • La "China" Bringas
  • hace 6 días
  • 2 Min. de lectura

Así que, desde que supimos de ustedes, no dejamos de tenerlos presentes en nuestras oraciones. Le pedimos a Dios que les dé pleno conocimiento de su voluntad y que les conceda sabiduría y comprensión espiritual. 10 Entonces la forma en que vivan siempre honrará y agradará al Señor, y sus vidas producirán toda clase de buenos frutos. Mientras tanto, irán creciendo a medida que aprendan a conocer a Dios más y más.


11 También pedimos que se fortalezcan con todo el glorioso poder de Dios para que tengan toda la constancia y la paciencia que necesitan. Mi deseo es que estén llenos de alegría 12 y den siempre gracias al Padre. Él los hizo aptos para que participen de la herencia que pertenece a su pueblo, el cual vive en la luz. 13 Pues él nos rescató del reino de la oscuridad y nos trasladó al reino de su Hijo amado, 14 quien compró nuestra libertad y perdonó nuestros pecados. Colosenses 1:9-14 NTV


Hay oraciones que pedimos, y hay oraciones que descubrimos que ya fueron hechas por nosotros. Colosenses 1:9-14 es uno de esos tesoros escondidos [valga la referencia a Verano Kids —el editor] donde el apóstol Pablo ora por una iglesia… y, sin darnos cuenta, también ora por nosotros hoy.


Pablo no pide que los colosenses tengan una vida fácil, ni que se acaben los problemas, ni siquiera que Dios cambie sus circunstancias. Pide algo mucho más profundo: que sean llenos del conocimiento de la voluntad de Dios. Y eso nos debe confrontar. Porque muchas veces yo oro preguntando qué quiere Dios que haga, cuando quizás primero debería pedir quién quiere Dios que yo sea.


Este pasaje nos recuerda que conocer la voluntad de Dios no es solo tomar decisiones correctas, sino aprender a caminar de una manera digna de Él. Es una vida que da fruto, no por obligación, sino como resultado en amor de estar conectados a la fuente correcta. No es esfuerzo humano maquillado de espiritualidad; es crecimiento que nace de una relación viva con Cristo.


Me conmueve especialmente cuando Pablo habla de ser fortalecidos “con todo poder” para tener paciencia y perseverancia con gozo. No solo resistir, no solo aguantar… sino hacerlo con un corazón agradecido. Eso rompe los esquemas. Porque muchas veces creemos que el poder de Dios es para grandes milagros, cuando en realidad también es para soportar procesos largos sin perder la fe ni la alegría.


Y entonces llega el recordatorio que lo cambia todo: “ya fuimos librados de las tinieblas y trasladados al reino del Hijo amado.” No estamos intentando ganar un lugar; ya pertenecemos. No caminamos para ser aceptados; caminamos porque fuimos redimidos. La obediencia deja de ser una carga y se convierte en una respuesta de gratitud.


Colosenses 1:9-14 me invita a bajar el ritmo, a dejar de negociar con Dios mis circunstancias, y a rendirme al proceso de transformación interior. Porque cuando Él gobierna por dentro, todo lo demás encuentra su lugar. Y eso, más que una doctrina, es una experiencia que debe seguir cambiando nuestra manera de vivir cada día.

 
 
 

1 comentario


ALICIA VILLASEÑOR OLIVA
ALICIA VILLASEÑOR OLIVA
hace 6 días

Totalmente de acuerdo, cuando tenemos presente y de manera consciente que juntamente estamos crucificados con Cristo Jesús y estamos sentados en los lugares celestiales con él, somos más que vencedores, más grande es el que está en nosotros que el que está en el mundo. Y así, confiadamente seguimos caminando en obediencia e integridad. No antes sin tener una relación íntima con el Espíritu Santo, el cual con su llenura y Poder nos guía, nos ayuda, nos consuela y nos da sabiduría para tomar las mejores decisiones en cada área de nuestra vida. El es nuestro amigo y guía. Sin él es difícil seguir en esta carrera de la vida.

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