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  • Foto del escritorGabriel Miyar

Primicias de los Hijos

Dedicado a Lévi Roberto Rembao Montemayor.


»Deberás darme a tu primer hijo varón». Exodo 22:29


Cómo buen primogénito, siempre he querido explicar qué rollo con el hijo primogénito en el Antiguo Testamento en menos de 600 palabras (apenas). El reciente tema de las primicias me da la excusa perfecta para hacerlo. En el antiguo Israel, la más grande de todas las primicias era la primicia apartada de entre los hijos. El primer hijo varón.


Los israelitas pudieron salir de Egipto, porque la décima y última plaga, la muerte de los primogénitos varones de todos los egipcios “desde el hijo mayor del faraón… hasta el hijo mayor del preso en el calabozo,” fue tan devastadora que el faraón echó a los israelitas de su nación: “¡Lárguense! ¡Váyanse! ¡Dejen en paz a mi pueblo…!” (Exo.12:31).


Aquí está el origen de la dedicación de bebés (que originalmente era sólo para los primogénitos, y varones). Como Dios había matado (¡que feo se oye!) a todos los primogénitos varones de Egipto, pero había salvado a los primogénito varones de Israel, es como si éstos últimos hubieran sido comprados por Dios, y por lo tanto le pertenecían a Dios. Dios no iba a pedir que se los sacrificaran, por supuesto, como sucedía con los animales, pero sí debían “pagarle” por ellos.


Para poder “recuperarlos” (Ex.13:15), y “quedarse” con ellos, sus padres tenían que “pagar rescate” (redimirlos), es decir, ofrecer un sacrificio sustitutorio. Esto incluía a los animales. Dios, en consideración, cuando el animal era tan valioso como un burro, en lugar de sacrificarlo, les permitía sustituirlo con otro animal menos valioso.


Para recuperar la primera cría de un burro, podrán pagar rescate al Señor entregando como sustituto un cordero o un cabrito; pero si no pagan rescate para recuperarlo, tendrán que quebrarle el cuello al animal. Sin embargo, tienen la obligación de pagar rescate por todo primer hijo varón. (v.13).


En el nuevo testamento José y María, en la dedicación de Jesús, pagan como rescate dos palomas, que era lo estipulado para una familia de bajos recursos. Sólo así pudieron llevarse legalmente al bebé a casa. (¿Qué pasaba con los bebés primogénitos varones que no eran redimidos legalmente por sus padres ante Dios? ¡Da miedo pensar!).


»En el futuro, sus hijos les preguntarán: “¿Qué significa todo esto?”, y ustedes les dirán: “Con la fuerza de su mano poderosa, el Señor nos sacó de Egipto, donde éramos esclavos. El faraón se puso terco y por nada quiso dejarnos salir, entonces el Señor mató a todos los primeros hijos varones en toda la tierra de Egipto y también a los machos de las primeras crías de los animales. Por eso ahora sacrifico a todos los machos primer nacidos al Señor, pero siempre pagamos rescate para recuperar a los primeros hijos varones”. (vv.14-15).


Cómo suele suceder en el Nuevo Testamento, los mandatos y lineamientos del Antiguo Testamento se amplían y se hacen incluyentes. Hoy todos tus hijos le pertenecen al Señor, pues Cristo murió por ellos y están potencialmente redimidos. Tu labor es dedicarlos a él como lo primero y lo mejor de tu vida. Por eso tenemos dedicaciones de bebés. Son parte del tema central de nuestras vidas: Poner a Dios en el trono de nuestras vidas y darle lo primero y lo mejor de ellas.


«Señor, mis hijos son mi mayor tesoro en esta tierra. Pero realmente son tuyos. Independientemente de si los dediqué o no en una ceremonia en la iglesia, hoy te los dedico; son tuyos. Sé que lo mejor que podría pasarles es estar bajo tu cuidado. Amén»


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