¿Peor que a Jesús?
- Gabriel Miyar

- 22 jul
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Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan y comenzó a afligirse y angustiarse profundamente. 34 Les dijo: «Mi alma está destrozada de tanta tristeza, hasta el punto de la muerte. Quédense aquí y velen conmigo». Marcos 16:33-34
Entonces Jesús los dejó otra vez e hizo la misma oración que antes. 40 Cuando regresó de nuevo adonde estaban ellos, los encontró dormidos porque no podían mantener los ojos abiertos. Y no sabían qué decir.
41 Cuando volvió a ellos por tercera vez, les dijo: «Adelante, duerman, descansen; pero no, la hora ha llegado. El Hijo del Hombre es traicionado y entregado en manos de pecadores. 42 Levántense, vamos. ¡Miren, el que me traiciona ya está aquí!». Marcos 16:39-42
Ayer veíamos el pasaje donde Jesús eleva a sus discípulos de servidores a amigos (Juan 15:13-15). Y la razón para esto es que había compartido con ellos todo lo que el padre le había encargado, es decir, se había abierto con ellos totalmente en cuanto a su misión y sobre todo su relación con el padre, los invitó a su intimidad. Uno no hace esto con todo mundo.
Luego vimos como unas horas, después, estos amigos lo habían dejado solo cuando más necesitaba de su compañía. Uno de ellos ya había salido a traicionarlo, y otro estaba apunto de negarlo. No es un cuadro muy alentador de las amistades de Jesús. Sin embargo, Jesús no los bloqueó, no se deshizo de ellos. Y a los que se arrepintieron, los perdonó. Sus amigos le ofrecieron solo abandono y traición, pues finalmente todos huyeron a esconderse, no hubo quien se entregara junto con Jesús. Lo más cercano a una amistad fiel fue Juan, que estuvo al pie de la cruz para recibir el último encargo de Jesús, que cuidara a su madre.
A pesar de todo esto, “había amado a sus discípulos durante el ministerio que realizó en la tierra y ahora los amó hasta el final” (Juan 13:1). Si crees que tú has sufrido más que esto a manos de tus amigos tienes razón en bloquearlos y cortarlos. Adelante. Si no, ve y búscalos. Si no tienes, haz amigos.

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