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Orando: ¿Con Uno Mismo ó con Dios?

  • Foto del escritor: Gabriel Miyar
    Gabriel Miyar
  • 18 dic 2025
  • 2 Min. de lectura

El fariseo, de pie, apartado de los demás, hizo la siguiente oración consigo mismo: “Te agradezco, Dios, que no soy como otros: tramposos, pecadores, adúlteros. ¡Para nada soy como ese cobrador de impuestos! 12 Ayuno dos veces a la semana y te doy el diezmo de mis ingresos”.

13 »En cambio, el cobrador de impuestos se quedó a la distancia y ni siquiera se atrevía a levantar la mirada al cielo mientras oraba, sino que golpeó su pecho en señal de dolor mientras decía: “Oh Dios, ten compasión de mí, porque soy un pecador”. Lucas 18:11-13


Yo no tendría ninguna duda en afirmar que en el mundo de la religión existen dos clases de personas solamente: Aquellos que tienen una fuerte convicción de su propia rectitud moral [RMP] y aquellos, por el contrario, que dependen completamente de la gracia de Dios. Estos últimos saben que si Dios los abandona a sus propios recursos, “no la van a hacer” en absoluto.


¿Con cuál de estos dos te identificas? Sinceramente. Si tú eres de las personas que siempre están criticando y regañando los demás por sus errores, perdóname, pero estás en el primer grupo. Si tú estás muy orgulloso de tu propio desempeño, también. Si tú ofreces gracia a todos —y esto no quiere decir que consientas el pecado— porque has probado tú mismo la gracia de Dios, y, por ende, sabes tener misericordia de tu prójimo, perteneces al segundo grupo. Y si vas a un paso más allá, con profunda humildad, ayudarás a la persona a vencer sus retos.


Entonces enseñaré a los rebeldes [como yo] tus caminos,

y ellos se volverán a ti. Salmo 51:13 (NTV).


Por favor, lee todo el capítulo 18 de Lucas. ¡Provecho!

 
 
 

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