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  • Foto del escritorGabriel Miyar

¡No te Desanimes!

Rechaza las leyendas profanas y otros mitos semejantes. Más bien ejercítate en la devoción pues, aunque el ejercicio físico trae algún provecho, la devoción es útil para todo, ya que incluye una promesa no solo para la vida presente, sino también para la venidera. 1 Timoteo 4:7- 8 (NVI).


Toda esta serie de predicaciones estuvo centrada en la idea de ayudarnos a crecer en nuestra devoción a Dios, es decir, de ayudarnos a lograr que Dios esté en el centro de nuestro corazón y esto se refleje en una vida totalmente entregada a Él.


Seguramente esto fue retador para todos nosotros, pues no importa cuán rendidos estemos a Dios ahora, podemos estarlo más. Es fundamental aprender esto, pues tal vez podríamos ver a algunas personas a nuestro alrededor que se ven más entregadas a Dios o podemos leer sobre personajes de la Biblia que parecen tener una devoción impresionante y terminamos comparándonos, lo cual nos puede frustrar porque no parece que podamos ser así. Sin embargo, al leer el pasaje de 1 Timoteo 4 podemos ver que tenemos la opción (la obligación) de ejercitarnos, esto significa que ninguno de nosotros nació con una “medida de devoción” determinada que siempre será así.


Lo que trato de decir es que ninguno de nosotros tiene la cantidad de piedad (rendición a Dios) que ya le tocó y pues, ni modo, así le toca vivir. Afortunadamente, tenemos la posibilidad de crecer en devoción a Dios, no es algo limitado para algunas pocas personas místicas, sino que es algo disponible para todo creyente que desee rendirse más a Dios.


Y aquí está el secreto maravilloso y, a la vez, la dificultad que nos corresponde vencer: necesitamos disponernos y hacer todo lo necesario para pasar tiempo en la presencia de Dios. Es únicamente Su presencia lo que puede transformarnos. En Su presencia conocemos Su gloria, lo que nos hace respetarlo, admirarlo y tener un temor reverente por Él. En Su presencia nos damos cuenta del amor que nos tiene, no solo porque lo hemos leído o escuchado, sino porque lo sentimos profundamente derritiendo nuestro corazón. En Su presencia aprendemos a desearlo más y podemos notar cómo ninguna otra cosa puede satisfacer los deseos profundos de nuestro corazón. En Su presencia nuestras prioridades se alinean y podemos decir que hemos probado algo incomparable que hace que otros placeres resulten desabridos.


«Señor, ayúdanos a experimentar Tu presencia, que de verdad podamos unirnos a la súplica del salmista, ayúdanos a vencer en nuestro interior cualquier obstáculo que nos impida pasar tiempo diario en Tu presencia gloriosa y transformadora y que podamos cada día entregarte más de nosotros. Amen.»


Anhelo con el alma los atrios del SEÑOR; casi agonizo por estar en ellos. Con el corazón, con todo el cuerpo, canto alegre al Dios vivo. Salmos 84:2 (NVI).


Danielita Orozco

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