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No Siempre Entendemos lo que Leemos

  • Yessi Michel
  • 5 jun
  • 2 min de lectura

Felipe se acercó de prisa al carro y, al oír que el hombre leía al profeta Isaías, preguntó:

—¿Acaso entiende usted lo que está leyendo?

31 —¿Y cómo voy a entenderlo —contestó— si nadie me lo explica? Hechos 8:30-31



¿Alguna vez has leído un pasaje de la Biblia varias veces y aun así has sentido que no logras entenderlo? Pues no eres la única persona, incluso hombres que buscaban a Dios experimentaron lo mismo.


Porque una cosa es leer la biblia y otra muy distinta es entender lo que leemos. No es que Dios haya puesto obstáculos para entender su Palabra, sino que nuestra capacidad humana es limitada para comprender toda la profundidad de su mensaje.


Por eso necesitamos la intervención del Espíritu Santo. Quien es la persona que nos la enseña. Lo primero es leerla, desear hacerlo. El entenderla, Dios se encargará de llevarnos a hacerlo.


En la historia de hechos 8:26-40 vemos como un hombre Etíope, eunuco, que va de camino en su carruaje leyendo las Escrituras, es un hombre que buscaba adorar a Dios. Ahora, este hombre sin duda era inteligente, él era alto funcionario encargado de todo el tesoro de la Candace, reina de los etíopes. Pero su inteligencia no le alcanzaba porque no comprendía lo que estaba leyendo.


Pero, algo que tenía este hombre también es que era humilde. Porque cuando se acerca a él Felipe un siervo de Dios y le pregunta si entiende lo que esta leyendo. Sin dudarlo admitió que no entendía. Esto no es fácil, pero si es un paso para que se dé la explicación, abriendo camino al Espíritu Santo.


Ahí fue en donde El Espíritu Santo usaría a Felipe para explicar todo al Eunuco. La habilidad de entender y enseñar la dá El Espíritu Santo y la habilidad de recibir y comprender también.


Porque El Espíritu Santo no solo inspiró las Escrituras, también es quien las ilumina en nuestro corazón. Él toma las palabras escritas y las convierte en verdad viva para nosotros.


Cada vez que abrimos nuestra Biblia podemos hacerlo con confianza. No dependemos únicamente de nuestra inteligencia, experiencia o preparación. Tenemos la ayuda del Espíritu Santo.


Por eso antes de leer podemos hacer una oración sencilla:


Espíritu Santo abre mis ojos para comprender tu Palabra y transforma mi vida a través de ella. Amén.


Dios ve la disposición de nuestro corazón para aprender y busca enseñarnos.

 
 
 

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