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No puedes tener dos señores

  • Foto del escritor: Daniela Orozco
    Daniela Orozco
  • 3 jul
  • 2 min de lectura

Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro o querrá mucho a uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir a la vez a Dios y a las riquezas.

Mateo 6:24 NVI

Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque este determina el rumbo de tu vida.

Proverbios 4:23 NTV


Jesús estableció límites muy claros cuando se trata de nuestro corazón, pues Él entendía que el rumbo de nuestra vida es determinado por lo que hay en el centro de nuestro interior. Jesús dijo con total claridad que el límite en nuestro corazón es que solo puede haber un señor. Es decir, en nuestro corazón existe espacio únicamente para un trono. Por lo tanto, si hay cualquier otra prioridad en nuestro interior, no podemos servir a Dios.


Entonces, si tratamos de decirle que “sí” a cualquier otro señor, como consecuencia le vamos a decir que “no” a Dios. Por esto, los límites son tan esenciales, pues no somos infinitos, al contrario, somos seres limitados.


Nuestra lealtad, nuestra devoción, nuestro amor, nuestra adoración, etc. No son recursos infinitos, de la misma manera que nuestro corazón es limitado. Por lo tanto, si nosotros queremos darle lealtad, devoción, amor, adoración a cualquier cosa, vamos a disminuir lo que le damos a Dios. Por esto, el límite que Jesús pone es claro: Dios espera ser el único Señor de nuestras vidas.


Por supuesto que hay otras personas a las que amamos, otros intereses que buscamos, pero nadie ni nada puede ocupar el lugar de “Señor” en nuestro corazón si queremos que ese puesto sea de Dios porque solamente tenemos un trono. De esta manera, si queremos poner a alguien más ahí, vamos a tener que quitar a Dios.


Entiendo que esto es una idea que nos confronta, tal como fue confrontante para los que escucharon a Jesús. Sin embargo, esto nos revela una verdad profunda que debemos tener muy clara: nosotros somos finitos. Dios es el único infinito y nosotros, como criaturas, somos limitados. Una vez que entendemos esto, podemos reconocer que no podemos decirle que sí a todo, necesitamos decidir a qué decir “sí” y mantenernos firmes en esa decisión diciendo “no” a lo que sea necesario.


Señor, ayúdanos a establecerte a Ti como nuestro Señor y dirígenos para decirle que no a todo lo que quiera ocupar ese lugar en nuestros corazones. Amén.

 
 
 

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