No Menosprecies lo que Tienes a la Mano
- Gabriel Miyar

- 25 feb
- 3 Min. de lectura
—¿Soy acaso un perro—le rugió a David—para que vengas contra mí con un palo? 1 Samuel 17:43
Ayer veíamos algunas cosas que podemos empezar a hacer como ciudadanos comunes y corrientes —pero no tan comunes y corrientes, pues tenemos al Espíritu Santo en nosotros, el Mismo que estaba en David cuando salió al campo de batalla con una arma aparentemente ridícula, una pequeña onda, contra un enemigo formidable.
El poder silencioso de la onda de lo cotidiano. Las grandes maquinarias criminales prosperan donde hay indiferencia— si nada me duele, nada me moviliza. Prosperan donde hay miedo paralizante— La Máquina violenta no necesita que todos la apoyen, sólo necesita que la mayoría tenga miedo suficiente para no reaccionar. Surgen donde hay corrupción pequeña y cotidiana— cuando normalizamos micro-corrupciones como: “no pasa nada si doy una mordida,” o “todo el mundo lo hace.” Con esto, debilitamos el concepto de legalidad y justicia. Finalmente, prosperan donde hay desconfianza comunitaria—Cuando los vecinos no se conocen, cuando nadie habla con nadie, cuando sospechamos de todos, cuando cada quien vive encerrado, la comunidad desaparece. Y sin comunidad no hay resistencia social. Las estructuras criminales prosperan en vacíos relacionales.
En base a lo anterior, el humilde ciudadano cristiano puede fortalecer la comunidad genuina (vecinos que se conocen), puede apoyar la economía formal—hemos usado el término “el narco,” pero estas organizaciones no se limitan a los narcóticos, también se dedican a la extorsión, cobro de piso y control de rutas de “peaje.” Y no estoy sugiriendo para nada que expongamos la vida, la nuestra y la de nuestra familia, resistiendo estas cosas.
Pero, se dedican también a cosas como robo y comercialización del combustible, en donde sí podemos evitar las estaciones de abastecimiento de procedencia dudosa. Aquí una palabra para los pastores: sospechar de ofrendas de procedencia dudosa y estar dispuestos a prescindir de ellas. Podemos participar en apoyo de las asociaciones contra la trata de personas como Fin de la Esclavitud.
En otras palabras, podemos participar en espacios civiles (mañana hablaremos de esto). Podemos, como dijimos, educar a nuestros hijos en valores contraculturales y podemos comunicar nuestros rechazo categórico a la admiración al “dinero fácil.”
Tal vez nada de esto te parezca muy espectacular, suena más espectacular abatir a un capo. Pero, me pregunto, ¿a la larga que será más efectivo? Lo que estoy planteando está garantizado en la Biblia para desarrollar el cáracter de Jesús, y Jesús se enfrentó al gigantezco imperio romano siendo todo un experto en leudar toda la masa imperial con un poquito de levadura.
Si te suena a poco, recuerda que las transformaciones profundas siempre empiezan de abajo hacia arriba —grassroots.
Lo que no nos ayuda es el fatalismo: “esto no tiene remedio”; o lo contrario, el heroísmo imprudente (que, francamente, casi no he visto, excepto en aquel individuo en Australia que fue balaceado al forcejear con un francotirador que estaba matando judíos en la playa de Bondi Beach—Creo que es una gloriosa respuesta de entrega que sólo se puede dar en el momento especial e inesperado. Hay otras cosas que dependen menos de la circunstancia especial. Formar comunidad, educar, cultivar una cultura alternativa, vivir en integridad, esperanza y en perseverancia.
«Señor, expande mi mente y ensancha mi corazón y que esté abierto a explorar las posibilidades que nacen de una vida cercana a ti.»

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