No es Inofensivo, Pero es Bueno
- Gabriel Miyar

- 7 may
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¡Miren, el León de la tribu de Judá, el heredero del trono de David, ha vencido!— Apocalipsis 5:5 NTV.
A veces olvidamos que seguimos a un Rey. No solamente a un Maestro sabio. No solamente a un Salvador cercano. Sino un Rey Grande y Temible.
Las Crónicas de Narnia [7 libros, 3 películas] narra las aventuras de niños comunes que descubren un mundo mágico gobernado por el león Aslan, que es el equivalente en ese mundo de Jesucristo en el nuestro. Entre guerras, traiciones, sacrificios y redención, Narnia refleja verdades profundas sobre el bien, el mal, la fe y el crecimiento personal, mezclando fantasía épica con simbolismo cristiano y una imaginación inolvidable.
En la línea del pastor Marcos Delgado ayer, en el primer libro de Las Crónicas de Narnia, El León, la Bruja y el Armario, cuando los niños preguntan por Aslan, Mr. Beaver (el Sr. Castor) responde:
“No es un león mansito, pero es bueno.”
Y quizá ahí hay una verdad que necesitamos recuperar acerca de Cristo. Hemos aprendido a acercarnos a Jesús con tanta familiaridad, que a veces olvidamos el asombro. Olvidamos que el mismo que toca leprosos también calma mares tempestuosos. El mismo que llora con sus amigos también resucita muertos. El mismo que nos llama “amigos” es Rey sobre toda la creación.
Jesús no está domesticado. No cabe dentro de nuestras agendas, preferencias o versiones cómodas del evangelio. No vino a adaptarse a nosotros. Vino a transformarnos.
Pero que descanso saber que Aquel que posee toda autoridad también es Bueno. Bueno cuando nos corrige, bueno cuando guarda silencio, bueno cuando rompe nuestro orgullo. Bueno cuando parece ausente, bueno cuando nos conduce por caminos que no entendemos.
Porque su bondad no depende de nuestra comprensión.
Tal vez muchos de nosotros, estamos esperando un Jesús “inofensivo,” predecible, manejable. El evangelio nos presenta algo mucho mejor: un León Santo que nos ama profundamente.
Y al final, eso es lo que el corazón humano realmente anhela. No un dios pequeño que podamos controlar, sino un Rey glorioso ante quien podamos rendirnos sin temor.
Como diría C.S. Lewis, hay un eco dentro de nosotros que recuerda “otro país”. Y cada vez que Cristo nos llama más cerca, es como si escucháramos otra vez el rugido del León invitándonos a volver a casa.
Señor, tú eres el León de la Tribu de Judá, tú eres el León de Narnia y nuestro majestuoso y temible rey, y a la vez eres tierno con nosotros. No nos dejes abusar de tu ternura y paciencia, que recordemos siempre que eres el glorioso rey del universo, amén. Nota: Mi ideas, expresadas con la ayuda de ChatGPT

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