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No es Agradable y Puede ser Doloroso

  • Foto del escritor: Daniela Orozco
    Daniela Orozco
  • 24 jul
  • 2 min de lectura

El que perdona la ofensa cultiva el amor;

el que insiste en la ofensa divide a los amigos.

Proverbios 17:9


Una amistad profunda requiere que estemos dispuestos a perdonar, pues tarde o temprano será necesario.


La serie anterior estuvimos hablando acerca de la necesidad de esforzarnos en crecer en sanidad emocional para poder ser personas espiritualmente maduras. Hablamos acerca de poner límites, de descansar, de buscar a Dios en silencio, entre otras cosas, que pienso que necesitamos seguir trabajando para poder crecer en nuestra manera de hacer amigos.


Una de las habilidades que hablan de nuestra madurez emocional y espiritual es el perdón. No es algo agradable y algunas veces puede ser profundamente doloroso. Sin embargo, necesitamos estar dispuestos a perdonar para poder tener amistades verdaderas, pues a fin de cuentas, una amistad no es más que una relación entre dos personas imperfectas y pecadoras, así que en algún momento seremos heridos y también heriremos a otros.


Cuando un amigo nos ofende y logramos hablar del tema y perdonarnos de verdad, la amistad se vuelve más profunda y sólida. Tal como enseña Proverbios, una manera de cultivar el amor es a través del perdón. Por supuesto que este proceso involucra discernimiento, incluso puede haber momentos en que necesitemos buscar el consejo de otra persona, pues también existe la posibilidad de que sea un momento para establecer límites. Sin embargo, el perdón siempre es necesario.


También existe la posibilidad de que seamos nosotros los que lastimemos a un amigo y debamos pedir perdón. Si logramos superar nuestro orgullo y reconocemos lo que hicimos mal, es muy probable que esa amistad se vuelva duradera.


Jesús mismo tomó la decisión de perdonar a sus amigos cuando lo defraudaron. Vemos por ejemplo a Pedro, cuando Jesús estaba viviendo el peor momento de su vida, él lo negó. Sin embargo, Jesús buscó restaurar su relación, bien pudo haberlo cambiado por otra persona o esperar a que Pedro tuviera la iniciativa de ir a buscarlo, pero Jesús lo amaba y fue a buscarlo. Una vez que arreglaron las cosas, Pedro siguió siendo alguien muy cercano a Jesús.


De la misma manera, si nosotros queremos amistades profundas y verdaderas, tarde o temprano vamos a tener que pedir perdón y perdonar a nuestros amigos y ese proceso hará de nuestra amistad algo muy valioso.


Señor, ayúdanos a amar y valorar tanto a nuestros amigos como para que estemos dispuestos a perdonar y pedir perdón cuando sea necesario. Amén.

 
 
 

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