No Eran Mediums
- Gabriel Miyar

- 1 jun
- 2 min de lectura
…fue el Espíritu Santo quien impulsó a los profetas y ellos hablaron de parte de Dios. 2 Pedro 1:21
Ayer se nos habló en todos nuestros campus acerca del Espíritu Santo y la Biblia, la relación que existe entre esta persona de la Trinidad y este medio de comunicación que es la Palabra de Dios. Y esta relación es similar a la que existe entre un autor y su libro, seres humanos inspirados que recibieron el comunicado del Espíritu Santo y lo pusieron por escrito, usando sus propias personalidades, temperamento y expresiones particulares. En este sentido son coautores con el Espíritu Santo.
No eran títeres sin voluntad propia con las pupilas ocultas en el párpado superior como mediums. Y digo coautores, porque no eran secretarias que tomaban dictado, sino realmente coautores, pues no sólo transmiten el mensaje a pie juntillas como la función de dictado en tu celular o en tus documentos de Word.
Cada uno de los autores humanos resuena con su propia “voz.” Pablo habla de una forma, incluye ciertos ejemplos frecuentes, mientras que la voz de Pedro es diferente. Pueden estar hablando ambos del mismo tema pero lo hacen de maneras distintas.
Un ejemplo, muy claro para su servidor son los cuatro evangelistas. Es mi convicción que cada uno de ellos representa uno de los cuatro temperamentos clásicos: el colérico, el sanguíneo, el flemático y el melancólico.
Mateo es el Colérico: Ve una meta, toma el control y hace que las cosas sucedan. Es el líder que busca el avance.
Marcos es el Sanguíneo: Ama a las personas, vive el momento y contagia entusiasmo. Es el entusiasta que inspira alegría.
Lucas es el Flemático: Observa los detalles, busca la excelencia y piensa profundamente. Es el intelectual perfeccionista que aporta profundidad
Juan es el Melancólico: Busca la paz, aporta estabilidad y mantiene el rumbo. Es el pacificador y negociador que genera armonía.
Si lees los evangelios de corrido, podrás constatar esta tendencia en cada uno de los diferentes evangelistas. Y no necesitas ser un erudito conocedor de los textos originales, conque veas cómo Mateo ordena, clasifica y reune las acciones y las enseñanzas de Jesús por temas (todas las parábolas están juntas en dos capítulos, por ejemplo). Marcos es el hombre de acción cuyas frases narran los eventos empezando muchas veces con el adverbio: “inmediatamente.”Lucas es el evangelista que pone en marcha su evangelio, diciendo: “Después de investigar todo con esmero desde el principio…” Y finalmente, Juan, ese es el apóstol del amor maduro y la convivencia armónica.
Todo esto lo mencionó, a modo de ejemplo para que podamos ver que la forma en que el Espíritu Santo inspiró las escrituras no fue un dictado automático a un medium, sino que implicó una completa participación del intermediario humano imprimiendo su propia personalidad y trasfondo cultural.
Todo esto habla de una sociedad entre el Espíritu y los autores humanos de los libros de la Biblia. Es así que el desarrollo de nuestra fe cristiana es una empresa del Espíritu y sus agentes humanos.

Comentarios