No Debemos Autoengañarnos

Más tarde fui a las regiones de Siria y Cilicia. 22 Pero en Judea las iglesias de Cristo no me conocían personalmente. 23 Solo habían oído decir: «El que antes nos perseguía ahora predica la fe que procuraba destruir». 24 Y por causa mía glorificaban a Dios. Gálatas 1:21-24
Glorificar a Dios es el resultado de una vida cimentada en la gracia. En estos últimos versículos del capítulo 1 de Gálatas vemos que Pablo era un hombre muy activo en su llamado, se movía por el mundo predicando el Evangelio y fundando iglesias, así su transformación personal daba un fruto impresionante que glorificaba a Dios.
Todo esto fundamentado en la gracia. Esto es algo crucial, pues cuando nosotros tratamos de fundamentar nuestra transformación personal o nuestro servicio en otra cosa que no sea la gracia, podemos correr el riesgo de intentar glorificarnos a nosotros mismos en lugar de glorificar a Dios.
Cuando empezamos a creer que todo se trata de nuestro esfuerzo personal y buscamos añadir algo a la gracia de Dios, también empezamos a pensar que nos corresponde algo de la gloria por nuestro crecimiento espiritual, por nuestra transformación y por lo mucho que ahora vivimos en “santidad”. Esto nos deja en una posición peligrosa de pensar que nos corresponde algo de la gloria que únicamente deberíamos darle a Dios.
La auto justicia (o rectitud moral propia) es peligrosa porque nos hace creer que podemos ser justos separados de Dios. Esto nos aleja del único remedio real y efectivo que tenemos para contrarrestar el poder destructivo de nuestra naturaleza pecaminosa: la gracia. Si creemos que existe una mínima posibilidad de vivir en santidad por medio de nuestro esfuerzo, no podemos recibir la gracia de Dios. Necesitamos aceptar la realidad, aunque sea dolorosa, de que somos completamente incapaces de agradar a Dios por nosotros mismos y necesitamos un Salvador.
Únicamente cuando reconocemos nuestra profunda necesidad de ser salvados podemos recurrir a la gracia, que es profundamente inmerecida y absolutamente suficiente. No hay nada que nosotros podamos añadirle ni nada que sobrepase su poder.
Entonces, podemos vivir de manera que glorifiquemos a Dios, pues hemos entendido que todo lo que somos y todo lo que hacemos surge de Su inmenso poder en nosotros.
Señor, ayúdanos a reconocer nuestra profunda necesidad de Tu gracia, tanto para ser salvos como para crecer en nuestra fe. Que Tú seas glorificado por medio de nuestras vidas. Amén.

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