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  • Foto del escritorGabriel Miyar

Llamados

Mientras caminaba, Jesús vio a un hombre llamado Mateo sentado en su cabina de cobrador de impuestos. «Sígueme y sé mi discípulo», le dijo Jesús. Entonces Mateo se levantó y lo siguió. Mateo 9:9


Un día Jesús te encontró, fijó la mirada en ti y te llamó por nombre. Te llamó a seguirlo. Y tú te levantaste y dejaste un montón de cosas atrás. Creencias y convicciones que se remontaban, quizás, años atrás; prácticas y hábitos que te tenían dominado. Tal vez personas que te daban una identidad. Si hicieras un catálogo de todo lo que has dejado atrás para seguir a Jesús te sorprenderías de la cantidad de cosas que hay en la lista.


La nueva serie que comienza este domingo y que durará ocho semanas, es decir cubrirá todo el tiempo que tradicionalmente se conoce como La Cuaresma, se llama “Seguidor.” Nos vamos a enfocar en lo que Jesús hace en nuestras vidas como seguidores suyos. Abarcará desde el día en que Jesús nos llama por nombre, hasta el momento actual en que nos encontramos hoy. Además nos adelantaremos un poquito al día de nuestro encuentro final con él, cuando lo veremos cara cara y le entregaremos cuentas de la vida a la que fuimos llamados.


Este domingo, precisamente, abriremos la serie hablando del llamado que Jesús nos hizo a ti y a mí para seguirlo. El llamado que sigue haciendo a miles de personas todos los días.


Nuestro llamado es radical. Tan radical como cuando los discípulos fueron llamados a seguir físicamente a Jesús. Es verdad, a diferencia de ellos, nosotros seguimos a un Jesús invisible. Pero, ellos, a pesar de tenerlo allí visible y palpable, al igual que nosotros muchas veces, no entendían que quería de ellos: —«¿Todavía no entienden?—les preguntó» (Mar. 8:21). De hecho, llegaron a entenderlo, con la ayuda del Espíritu Santo, sólo hasta que se fue y se hizo invisible también para ellos.


Así que en la práctica no hay ninguna diferencia esencial entre nuestro seguimiento de Jesús y el de sus primeros discípulos. Vivimos la misma aventura fascinante pasando por una serie de procesos de los cuales hablaremos en su momento. Procesos por los que nos vamos pareciendo a la persona que seguimos. Procesos con frecuencia dolorosos, pero también increíbles experiencias de comunión con Jesús, tanto en la dulce intimidad con él, como en experiencias al lado suyo en “el camino,” cuando nos envía a representarlo realizando alguna tarea o alguna misión en su nombre.


«Señor Jesús, hoy quiero preparar mi corazón para este tema. A menudo no estoy tan conciente de ser un seguidor tuyo. Me emociona pensar en las cosas que tu Espíritu Santo va a poner frente a mis hermanos y a mi en este tiempo. Te abro mi mente y mi corazón para que enciendas allí un fuego de pasión y entusiasmo renovado. Un día, de una forma u otra te dije: “Te seguiré a donde vayas.” Y hoy, después de todo este tiempo, te lo vuelvo a decir: “Te seguiré a donde vayas.” Amén.»


Nos vemos hasta el lunes.


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