top of page
Buscar
  • Foto del escritorGabriel Miyar

Las Misiones no son la Meta Final

Anuncien sus gloriosas obras entre las naciones; cuéntenles a todos las cosas asombrosas que él hace. Salmo 96:3


A pesar de qué he estado hablando toda esta semana de tener un corazón para las naciones, alcanzar a las naciones no es la meta final de la iglesia. La adoración lo es. Las misiones existen porque la adoración universal no existe. La adoración es absoluta, no así las misiones, porque Dios es la medida final de todas las cosas, no el hombre. Cuando termine esta era, y los incontables millones de redimidos doblen sus rodillas ante el trono de Dios, las misiones se acabarán. La obra misionera es una necesidad temporal, pero la adoración permanece para siempre.


Por tanto, la adoración es el combustible y la meta de las misiones. Es la meta final de las misiones sencillamente porque por medio de las misiones nosotros llevamos a las naciones al esplendor de la gloria de Dios. El objetivo de las misiones es el gozo de los pueblos en la grandeza de Dios.


¡El Señor es rey!

¡Que se goce la tierra!

¡Que se alegren las costas más lejanas!

Salmo 97:1


Que las naciones te alaben, oh Dios;

sí, que todas las naciones te alaben.

Que el mundo entero cante de alegría,

porque tú gobiernas a las naciones con justicia

y guías a los pueblos del mundo.

Salmo 67:3-4


La adoración es también el combustible de las misiones. La pasión por Dios en la adoración antecede a la proclamación de Dios por medio la predicación. No puedes recomendar y promover lo que no aprecias. El misionero nunca exclamará: “Que el mundo entero cante de alegría” cuando no puede decir de corazón: “yo me alegro en el Señor.... Me alegraré y me regocijaré en ti; Cantaré a tu nombre, oh Altísimo!” (Salmo 104:34; 9:2, RV’60) La misión a las naciones comienza y terminan con la adoración.


Donde la pasión por Dios es débil, el celo por alcanzar a las naciones será débil. Si las iglesias no están centradas en la exaltación de la majestad y la belleza de Dios, difícilmente podrán engendrar en sus seguidores un deseo ardiente de anunciar “sus gloriosas obras entre las naciones”… de contarles “a todos las cosas asombrosas que él hace” (Salmo 96:3).

«Señor, vuelve a centrar mi vida en la adoración. Sí, anhelo tener un corazón para las naciones, pero me doy cuenta de que esto no será una realidad en mi vida a menos que mi pasión por ti sea de tal magnitud que me lleve a anhelar proclamar entre las naciones tu gloria.»


Basado en un mensaje de John Piper.

154 visualizaciones1 comentario

1 Comment


Enrique Marmolejo
Enrique Marmolejo
Mar 22

Lo único que nos llevamos es amor a Dios y la adoraclon

Like
bottom of page