top of page

La obra de Dios en nosotros

  • Marcos Delgado
  • 26 ene
  • 2 Min. de lectura

Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de ustedes. En todas mis oraciones por todos ustedes siempre oro con alegría, porque han participado en el evangelio desde el primer día hasta ahora. Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús. Filipenses 1:3–6 (NVI)


Pablo nos deja ver su corazón lleno de gratitud y esperanza. Él comienza diciendo que cada vez que recuerda a los creyentes de Filipos, da gracias a Dios por ellos. No es un recuerdo cualquiera, sino uno lleno de cariño y reconocimiento. Esto nos invita a pensar en las personas que han sido parte de nuestra vida y de nuestro caminar en la fe: familiares, amigos, maestros o compañeros que Dios ha usado para animarnos y ayudarnos a crecer. Agradecer por ellos cambia nuestra manera de ver las relaciones y fortalece nuestro corazón.


Pablo también dice que ora por ellos con alegría. Lo sorprendente es que escribe estas palabras desde la cárcel. A pesar de estar pasando por un momento difícil, su corazón está lleno de gozo porque sabe que los filipenses siguen firmes, participando en la obra de Dios desde el primer día. Esto nos enseña que la verdadera alegría no siempre depende de que todo esté bien en nuestra vida, sino de saber que Dios sigue obrando y que Su propósito avanza, aun en medio de las dificultades.


El mensaje central del pasaje está en el versículo 6, cuando Pablo afirma con seguridad que Dios terminará la buena obra que comenzó en ellos. Este versículo trae mucha paz, porque nos recuerda que nuestra vida no está en manos del azar ni depende solo de nuestro esfuerzo. Dios es quien inicia el cambio en nuestro corazón y también es quien nos sostiene cuando sentimos que fallamos o que avanzamos lentamente.


Muchas veces nos desesperamos con nuestro propio proceso. Queremos ver resultados rápidos y nos frustramos cuando cometemos errores. Sin embargo, este pasaje nos anima a confiar en el tiempo de Dios. Él trabaja con paciencia, formando nuestro carácter y enseñándonos a vivir conforme a Su voluntad.


Filipenses 1:3–6 nos deja una enseñanza sencilla pero poderosa: Dios no abandona lo que empieza. Somos una obra en proceso, pero estamos en manos de un Dios fiel. Aunque todavía no seamos perfectos, podemos vivir con esperanza y confianza, sabiendo que Él seguirá trabajando en nosotros hasta completar Su obra.


Gracias Dios por tu obra en nosotros y gracias por lo que podemos ver de Tu mover en la vida de otras personas. Amén.

 
 
 

Comentarios


bottom of page