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La Narcomáquina

  • Foto del escritor: Gabriel Miyar
    Gabriel Miyar
  • 24 feb
  • 2 min de lectura

No menosprecien estos modestos comienzos, pues el Señor se alegrará cuando vea que el trabajo se inicia… Zacarías 4:10


Platicando con algunos líderes sobre si tener o no reuniones en estos días, surgió la frase de “esperar hasta que todo se normalice.” Me quedé pensando en esto, porque por supuesto que tarde o temprano todo se normalizará, pero ese es el meollo. Lo normal no tiene nada de “normal.” Lo normal es que toda esta gigantesca actividad delictiva se desarrolle sin ser mayormente percibida por los ciudadanos comunes y corrientes. Es sólo cuando hay sucesos como el del domingo que nos damos cuenta, o nos acordamos, de como están realmente las cosas. Hemos normalizado las actividades del crimen organizado.


“Crimen organizado,” esta frase lo conecta con La Máquina. El crimen organizado no solamente es organizado de nombre. Unas pocas horas después de qué el Mencho fuera abatido ya había células del cartel vandalizando y aterrorizando en 20 estados de la República. En efecto paralizando una buena parte del país. ¡Qué tan organizado es eso! Cuando hablé de la pornografía, mencioné que se le considera una “industria” con todo lo que esto implica como industria del siglo 21. Con las dimensiones globales, la magnitud de lo lucrativo, la interconectividad, logística, operabilidad, capacidad de respuesta y adaptación inmediata de las industrias actuales.


Ante esta inmensidad de maladad, ¿qué puede hacer el ciudadano promedio, o mas bien el ciudadano cristiano?


La pregunta más relevante para nosotros desde la perspectiva de nuestra serie, Resistiendo la Máquina: Saboteándola con la Gracia del Evangelio, es: ¿qué puedo hacer yo contra todo eso? Ayer decíamos que absolutamente nada. Pero eso no es exacto. La respuesta corta es: No puedes sabotear una cultura así de gigantesca y poderosa tú solo, pero tampoco eres irrelevante. Si lo vemos de una manera realista—sin romanticismos evangélicos, ni heroísmo ingenuo, sí hay cosas relevantes que hacer (además de orar, que veremos posteriormente).


Primero, debes entender que no eres un justiciero hollywoodense, no eres John o Johanna Wick. Eres un ciudadano (y un ciudadano del cielo también, y eso será relevante más adelante). No estás llamado a confrontar directamente a un cártel o célula de un cártel, ni siquiera a un miembro de un cártel. Eso sería sumamente peligroso, no nada más para ti sino para tu familia. ¡Eso sería garrafalmente irresponsable!


Pero, sí puedes empezar por no normalizar la violencia, no glorificar la narcocultura, no consumir sus productos o servicios ilegales y no repetir narrativas que romantizan el poder criminal. Y tal vez me vas a decir: “¡yo jamás haría eso! Pero, y tus hijos, ¿escuchan ellos narcocorridos? ¿Ven las series mexicanas que glamorizan la narcocultura? Puedes empezar concientizando con gracia en casa. Educar a tus hijos en valores contraculturales.


Nada de esto parece espectacular, pero para empezar ayuda a desmoronar la parte moral que sostiene a los grandes imperios criminales.


Mañana veremos otras cosas modestas pero que suman y se hacen cada vez más eficaces.


Señor, guíanos en reflexionar sobre este tema… ayúdanos a considerarlo juntos y a hallar lineamientos que nos revelen tu voluntad...

 
 
 

1 comentario


Mony Perez Gómez
Mony Perez Gómez
24 feb

Wow! Excelente, esperemos que mucha gente lo vea y seamos conscientes

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