¿La Justicia en el Evangelio de Gracia?
- Daniela Orozco

- 29 abr
- 2 min de lectura
De hecho, en el evangelio se revela la justicia que proviene de Dios, la cual es por fe de principio a fin, tal como está escrito: «El justo vivirá por la fe» Romanos 1:17
La justicia de Dios es parte esencial de Su carácter y el Evangelio es donde se revela con toda plenitud, tal como dice este pasaje de Romanos. De hecho, algo que vimos en la case de Romanos del Instituto es que puede resultarnos raro que el Evangelio revele la justicia de Dios, pues podríamos esperar que el Evangelio revele el amor de Dios o Su misericordia, pero ¿Su justicia?
Sin embargo, esto tiene todo el sentido, pues el mensaje del Evangelio, que incluye el hecho de que Jesús vino a morir por el perdón de nuestros pecados, nos revela con mucha claridad que Dios es justo y que el pecado de verdad es malo. Tanto que Jesús entregó Su vida para ofrecernos perdón. Además, esto también nos revela que nosotros de verdad necesitamos un Salvador, ya que todos hemos pecado y no podemos alcanzar la justicia que Dios demanda de una persona para que pueda tener acceso a Su presencia.
Esta realidad también cumple la promesa que Dios hizo por medio de Jeremías cuando revelo Su nombre “Dios es nuestra justicia”, pues tal como afirma Romanos, somos justos por la fe en Cristo. En Él todos nuestros pecados quedaron cubiertos y ahora podemos tener acceso a la presencia del Padre porque Jesús nos hizo justos. Esta es una verdad impresionante, de verdad Dios es nuestra justicia, la única fuente de verdadera justificación.
Finalmente, esta realidad también nos muestra que Dios no dejó de ser justo para ser misericordioso, sino que estuvo dispuesto a hacer lo necesario para demostrar Su amor y misericordia sin dejar de ser justo ni por un solo instante. Por lo tanto, nosotros podemos poner toda nuestra confianza en Él, pues hemos visto que Su naturaleza no cambia y que Él ha cumplido todo lo que ha prometido, incluso cuando tuvo que pagar un precio tan alto para hacerlo.
Señor, gracias por Tu justicia, gracias por Tu misericordia, gracias porque eres confiable y no cambias. Ayúdanos a apreciar Tu fidelidad y también el glorioso poder del mensaje del Evangelio. Amén.

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