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  • Foto del escritorGabriel Miyar

La Brecha

Jesús dijo: «Había un hombre rico que se vestía con gran esplendor en púrpura y lino de la más alta calidad y vivía rodeado de lujos. Tirado a la puerta de su casa había un hombre pobre llamado Lázaro, quien estaba cubierto de llagas. Mientras Lázaro estaba tendido, deseando comer las sobras de la mesa del hombre rico, los perros venían y le lamían las llagas abiertas. Lucas 16:19-21


La parábola del Rico y Lázaro ilustra uno de los pecados de nuestra amada nación. El pecado de México no es que haya ricos y pobres, hasta en naciones prósperas como Estados Unidos los hay. Jesús mismo dijo: “siempre habrá pobres entre ustedes” (Mar. 14:7). El pecado de México es la enorme brecha de distancia social entre ricos y pobres. Para tomar una frase de este pasaje: “un gran abismo que nos separa” (Lucas 16:27). Un abismo que se hace cada vez más y más infranqueable.


Jesús describe al hombre rico en términos excesivos, aún extravagantes —el hombre rico “se vestía con gran esplendor en púrpura y lino de la más alta calidad y vivía rodeado de lujos,” mientras que Lázaro es descrito como un marginado, un hombre en “situación de calle.”


Durante muchos años el sistema político imperante en nuestra nación hacía que los ricos fueran cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres y con menos oportunidades. Esto fue así por décadas y los sistemas puestos en marcha por dichos gobiernos para tratar de reducir esta brecha y favorecer a las personas con menos oportunidades —por ejemplo, el manejo del petróleo, de los ferrocarriles, los institutos de salud— se convirtieron en instituciones enormes plagadas de corrupción y alarmante ineficiencia empresarial. En décadas recientes aún los gobiernos de alternancia no hicieron que las cosas cambiarán, al contrario.

Hoy en día la actividad económica en nuestro país es más compleja. En general, se deteriora para ricos y pobres. Ricos y pobres pierden terreno. Por otro lado, debido a la corrupción, gente se enriquece ilícitamente de forma estratosférica. En estos casos la brecha entre el rico y Lázaro es colosal.


Nosotros no ponemos nuestra esperanza en el gobierno, pero a la vez no podemos desentendernos y abstenernos de participar en el establecimiento y operación del mismo, conforme a nuestras convicciones personales. Porque si lo hacemos, nos hacemos cómplices por pasividad.


Necesitamos orar por un gobierno que maneje mejor, mucho mejor, la la situación económica en nuestro país. No uno que favorezca a uno sólo de los lados, ni uno que quiera cerrar la brecha perjudicando a todos. Hagamos esto nuestra oración de hoy.


Y por cierto, independientemente del sistema de gobierno bajo el cual prosperaba, por lo pronto, el gran pecado del hombre rico en esta parábola es que no pensaba que tenía ninguna responsabilidad por el hombre que veía todos los días allí tirado a su puerta, lleno de llagas. No hagamos lo mismo.


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