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Jesús el maestro

  • Arturo Miyar
  • 17 mar
  • 2 Min. de lectura


Cuando terminó de lavarles los pies, se puso el manto y volvió a su lugar. Entonces les dijo:

—¿Entienden lo que he hecho con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor y dicen bien, porque lo soy. Pues, si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Juan 13:12-14


Este domingo en IPVN Danielita nos animaba a reflexionar sobre el rol y ministerio de Jesús como maestro, y nos mencionaba que pocas veces pensamos en Jesús como una persona muy inteligente y extremadamente sabia que sorprendía y despertaba una profunda admiración en todos precisamente por eso, su enorme sabiduría.

Una sabiduría sobrenatural que podemos entender como “la inteligencia bien aplicada a cada aspecto de la vida”.

Observamos en las Escrituras como muchos maestros júdios e interpretes de la ley quisieron hacer caer a Jesús en sus artimañas y trampas y así, poderlo acusar de apócrifidad y como profeta improvisado, pero jamás pudieron hacerlo. Más bien sus malas intenciones solo terminaban por iluminar más y más la sabiduría de Jesús ante los ojos de una multitud asombrada.

Pero ¿De qué nos sirve que Jesús sea un gran maestro si nosotros somos malos alumnos al no poner en prácticas sus enseñanzas?

Podemos observar en la narrativa de la última cena, como Jesús siendo “Maestro y Señor” después de lavar los pies de los discípulos les pregunta: ¿Entienden lo que he hecho con ustedes? Ya que como buen maestro Jesús no solo enseñó con palabras sino con hechos, mostrando así que lo que enseñó se puede vivir, no solo en el interior como conocimiento, sino a la práctica como estilo de vida.

Horas después Jesús estaría torturado y levantado en una cruz traspasado por los clavos que lo sostenían ahí, pero no eran los clavos lo que realmente lo mantenían en esa cruz, sino su inmenso amor por ti y por mi, y su poderosa obediencia a su Padre, quien lo había enviado precisamente a eso, a pagar nuestra deuda y hacer la paz con la humanidad poniendo su vida como sacrificio propiciatorio.

¿Entiendes eso? Porque sino entendemos al maestro amando hasta la muerte, ¿cómo comprenderemos el poder de su enseñanza al hablar acerca de amar a Dios y amarnos unos a otros?

Entender lo que Jesús hizo construye los cimientos de nuestra total obediencia, y da absoluta congruencia a todas sus enseñanzas fortaleciendo en nosotros la verdad acerca de saber que Jesús es nuestro Señor y también nuestro maestro.


Amado maestro, gracias por enseñarnos con palabras y con hechos un mismo mensaje de amor celestial, ayúdanos a ser también buenos alumnos y discípulos tuyos al practicar tus hermosas palabras, ayúdanos a comprender tus elevadas enseñanzas y reconocer que sin duda tu mensaje no es de este mundo, sino del cielo. Amén.

 
 
 

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