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Industria Maligna

  • Foto del escritor: Daniela Orozco
    Daniela Orozco
  • 5 feb
  • 2 min de lectura

Quiero triunfar en el camino de perfección:

¿cuándo me visitarás?

Quiero conducirme en mi propia casa

con integridad de corazón.

No me pondré como meta

nada en que haya perversidad.

Las acciones de gente desleal las aborrezco;

no tendrán nada que ver conmigo. Salmo 101:2-3 (NVI)


Como veíamos el domingo, pocas cosas son tan claramente malignas como la pornografía. Por un lado, la pornografía tiene el poder de atraparnos, de envolver nuestra mente y convertirse en una adicción muy difícil de dejar. Poco a poco puede atraparnos y comprometer nuestra mente, nuestras emociones, nuestros cuerpos y nuestros espíritus. Es algo que tiene el potencial de distorsionar nuestros deseos y corromper la sexualidad que Dios creó. Lo peor, es que muchas veces llega sin que la busquemos y necesitamos estar alerta para huir de ella. Por eso, necesitamos clamar a Dios para que Su Espíritu nos ayude a mantenernos íntegros cuando estamos a solas.


Por otro lado, la industria de la pornografía es verdaderamente diabólica. Está documentado que la gran mayoría de personas que participan en ella, lo hacen obligados de alguna manera. Es una industria que deja ganancias multimillonarias para unos cuantos a costa de destruirle la vida por completo a cientos de miles de personas.


En pocos sistemas de “La Máquina” se puede ver de manera tan clara la intervención del maligno, pues la industria de la pornografía infantil es alimentada por el tráfico de personas. Un sistema diabólico y despiadado que valora por encima de todo las ganancias económicas que provienen de satisfacer un deseo pecaminoso atroz y no le importa destruir profundamente la vida de miles y miles de niños inocentes que son grabados en contra de su voluntad. Se estima que en México existen más de 270,000 niños siendo explotados en diferentes actividades, incluyendo la esclavitud sexual.

Es momento de que la Iglesia sea consciente de este problema. Que la pornografía tenga la puerta cerrada en nuestros hogares, que alcemos nuestras voces en clamor a Dios por estos cientos de miles de niños atrapados en las redes de la industria del tráfico sexual y que estemos dispuestos a ayudar como nos sea posible.


Señor, ayúdanos a ser libres de las garras de la pornografía, ayuda a nuestros jóvenes a huir de ella. Por favor, haz un milagro en la vida de cada uno de los niños que es víctima del tráfico de personas. Amén.

 
 
 

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