top of page

Herederos de las Promesas

  • Foto del escritor: Gabriel Miyar
    Gabriel Miyar
  • 7 nov 2025
  • 2 Min. de lectura

Les digo que Cristo se hizo servidor de los judíos para demostrar la fidelidad de Dios, a fin de confirmar las promesas hechas a los patriarcas. Rom.15:8 (NVI).

 

Si tú ya tienes un tiempito de conocer a Cristo y las Escrituras, seguramente has adoptado promesas del antiguo testamento. Promesas que originalmente fueron dadas a Israel, pero que nosotros los creyentes del nuevo testamento nos apropiamos. Y hacemos bien, porque son para nosotros en virtud de haber sido injertados en el Olivo de Israel. Recuerda que el Señor le dijo a Abraham en Génesis 12, “en ti serán benditas todas las familias de la tierra.” Se refería a la gente de las naciones [familias] que aceptarían a  Jesucristo. Más específicamente a los hogares dentro de las naciones del mundo entero alcanzados para Cristo.

 

Allí estamos tú y yo y nuestros familiares creyentes, bendecidos en Abraham a través de Jesucristo Entonces las promesas hechas a Abraham y a su descendencia, Israel, nos pertenecen también a nosotros. Esto está muy claro en Gálatas 3:14, 29:

 

14 Por medio de Cristo Jesús, Dios bendijo a los gentiles con la misma bendición que prometió a Abraham…

29 Y ahora que pertenecen a Cristo, son verdaderos hijos de Abraham. Son sus herederos, y la promesa de Dios a Abraham les pertenece a ustedes.

 

Promesas como —“porque yo se los pensamientos que tengo acerca de ustedes, dice el señor, pensamientos de paz y no de calamidad, para darles el fin que ustedes mismos se esperan”— promesa, originalmente hecha a Israel en Jeremías 29:11, pero que nos alcanza a nosotros desde la raíz Abrahámica.

 

La promesa hecha a Jacob —“Además, yo estoy contigo y te protegeré dondequiera que vayas. Llegará el día en que te traeré de regreso a esta tierra. No te dejaré hasta que haya terminado de darte todo lo que te he prometido.” Génesis 28:15—  también Dios nos la hace a nosotros por medio de la fe.

 

La promesa hecha a Isaías:

 

No tengas miedo, porque yo estoy contigo;

    no te desalientes, porque yo soy tu Dios.

Te daré fuerzas y te ayudaré;

    te sostendré con mi mano derecha victoriosa.

Isaías 41:10

 

¡Nuestra también! Y los cientos de profecías que el Espíritu Santo nos confirma y de las que nuestra fe se adueña.

 

«Señor, pon una certeza absoluta en mi corazón de que las promesas que le diste a mis antepasados en el Espíritu son para mí y para mi familia, como una herencia inmemorial a través de Jesucristo, mi Señor, amén.»

 
 
 

Comentarios


bottom of page