Hay que Saber Esperar
- Robbie Rembao
- 7 abr
- 2 Min. de lectura
La resurrección de Jesús no es solo el cierre de una historia, es el arranque de todo. Es el momento donde Dios no solo vence la muerte, sino que inaugura una nueva realidad para el mundo. No estamos esperando el final… estamos viviendo en el principio de lo que Él ya empezó. Y ANHELAMOS SU REGRESO.
Pablo lo entendía, y por eso cuando escribió a los tesalonicenses no les dio una teoría complicada, les dio dirección clara: si Jesús resucitó y va a regresar, entonces hay una forma específica de vivir mientras esperamos. No es pasiva. No es indiferente. Siendo seguidores comprometidos de Jesús. Tres de los temas de 1 Tesalonicenses es que Pablo les habla de tener una fe firme, una vida radical y una urgencia real.
Primero, una fe firme. No una fe emocional o momentánea, sino una convicción anclada en lo que Cristo ya hizo. La cruz no fue un símbolo, fue una transacción real. El pecado recibió su castigo en Jesús, y por eso ahora nuestra esperanza no depende de nuestro desempeño, sino de Su obra. Y la resurrección valida todo. Si Cristo no hubiera resucitado, nada de esto tendría sentido. Pero resucitó. Y eso significa que la muerte ya no tiene la última palabra. Nuestra fe no está basada en ideas bonitas, sino en un hecho histórico que redefine nuestro futuro.
Después, una vida radical. No hay forma de creer esto y seguir viviendo igual. Si Jesús venció la muerte, entonces nuestro llamado es vivir como gente que ya no le pertenece a este sistema. Santidad no es una carga, es una respuesta. Predicar no es una opción, es una urgencia. Amar no es conveniente, es un mandato. Permanecer firmes no es fácil, pero es necesario. La resurrección no solo nos promete vida futura, nos exige transformación presente.
Y finalmente, una urgencia real. Los primeros creyentes vivían con una conciencia constante: Jesús puede regresar en cualquier momento. No vivían con ansiedad, pero sí con enfoque. No estaban distraídos. No estaban cómodos. Estaban listos. “Maranata” no era una frase religiosa, era una forma de vivir. El Rey vino… y el Rey vendrá.
Hoy hemos perdido un poco eso. Sabemos que va a regresar, pero vivimos como si no importara cuándo. Y eso enfría la fe, diluye el compromiso y nos hace posponer lo que Dios nos está llamando a hacer hoy.
La resurrección no solo te da esperanza para el futuro, te da responsabilidad en el presente.
Así que la pregunta no es si crees en la resurrección. La pregunta es: ¿estás listo para que Jesús regrese?

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