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Gracia > Todo

  • Robbie Rembao
  • 19 ene
  • 2 Min. de lectura

En tres ocasiones distintas, le supliqué al Señor que me la quitara. Cada vez él me dijo: «Mi gracia es todo lo que necesitas; mi poder actúa mejor en la debilidad». Así que ahora me alegra jactarme de mis debilidades, para que el poder de Cristo pueda actuar a través de mí. Es por esto que me deleito en mis debilidades, y en los insultos, en privaciones, persecuciones y dificultades que sufro por Cristo. Pues, cuando soy débil, entonces soy fuerte. 2 Corintios 12:8-10.


Cada vez que leo este pasaje, me dan ganas de saber exactamente a qué se refería Pablo cuando, un versículo antes, dice que “se le dio una espina en la carne” o un “aguijón”, como dicen otras versiones, y que luego le pide a Jesús que se lo quite. He escuchado muchas teorías al respecto: una enfermedad muy dolorosa y constante, alguien que lo atormentaba o perseguía con persistencia, un pecado que no dejaba de tentarlo, o incluso ataques espirituales.


Si soy honesto, la razón por la que realmente quisiera saberlo con exactitud es para ver si se parece al mío y así saber si voy a recibir la misma respuesta de parte de Dios. Pero lo cierto es que nunca lo sabremos, porque lo más importante de este pasaje no es cuál era la situación que estaba viviendo Pablo, sino la respuesta impactante que recibe de parte de Dios.


No existe nada que se compare con Su poder, y si Dios hubiera querido, Pablo habría quedado libre de eso. Pero Su respuesta en esas tres ocasiones fue muy clara: NO.


¿Alguna vez has recibido un “no” de Dios? Una de las verdades más grandes que podemos aprender de este pasaje es que Dios puede decir “no” y seguir siendo bueno. Podemos confiar en que la respuesta que recibimos de Dios siempre será para recordarnos que Su gracia es todo lo que necesitamos. Solo así podemos empezar a vivir lo que Pablo describe como “deleitarnos en nuestras debilidades”, porque lo opuesto a vivir de esta manera es pensar que podemos solos… y esa es una de las mayores tragedias de la vida: confiar en nuestra propia fortaleza.Como nos recuerda 1 Corintios 1:25b: “la debilidad de Dios es más fuerte que la mayor fuerza humana.”


Y en estos días de ayuno, eso es exactamente lo que estamos buscando al dejar de comer: abrazar nuestra debilidad para que Dios pueda manifestar Su fortaleza en nosotros. Si en algún momento te sientes un poco débil físicamente o en tu voluntad, recuerda esto: Su gracia es todo lo que necesitas; Su poder actúa mejor en la debilidad.

 
 
 

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