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  • Foto del escritorGabriel Miyar

Genuinamente Ateo


Rey Agripa, ¿usted les cree a los profetas? Yo sé que sí (Hechos 26:27, NTV).


Yo vengo de un pasado genuinamente ateo. Y digo “genuinamente,” porque a mucha gente le gusta decir que eran ateos, pero realmente no lo eran. Sólo dudaban de la existencia de Dios. Yo estaba convencido de que Dios no existía. Yo era un card-carrying atheist, un ateo con credencial de membresía. Yo consideraba a Isaac Asimov, un ateo acérrimo, como mi mentor (inconsciente de mi y a distancia). Leí todas sus colecciones de ensayos de divulgación científica y le hubiera puesto veladoras a su cuadro, si no hubiera sido ateo.


Para mí, el judaísmo y el cristianismo eran mitología hebraica. Aunque confieso que nunca había leído la Biblia. Sólo conocía las historias bíblicas que había aprendido cuando era niño.


No es este lugar para relatar mi conversión, pero fue el resultado de una obra del Espíritu Santo en mi corazón. Yo ya había escuchado la mayoría de los argumentos a favor de la existencia de Dios y los había rechazado. Libros cristianos que me enviaban, leía los primeros capítulos y rápido los abandonaba pensando que lo que proponían era ridículo (lo siento, pero eso pensaba).


Aunque mi entrega a Cristo fue finalmente una obra soberana y directa del Espíritu Santo en mi corazón, abriéndolo a la posibilidad de Dios, empezar a leer la biblia fue lo que me afianzó en los caminos de Dios (y Leer a C.S. Lewis, quien sustituyó a Asimov como mi mentor). Y este es mi punto hoy, las profecías acerca de Jesús en la Biblia fueron lo que más me impresionó al principio de mi lectura. Yo sabía, por supuesto, que el Antiguo Testamento se había completado muchos años antes de la venida de Jesús. De hecho, sabía que había pergaminos fechados con gran exactitud antes de la venida de Cristo (Los famosos Rollos del Mar Muerto).


Esto significa que lo que decía ahí en los profetas había sido escrito antes de la venida de Cristo. ¡Wow! Todas esas profecías que predicen donde nacería el Mesías (Miqueas 5); las que hablan sorprendentemente de su encarnación (Salmo 40); las que predicen su rechazo por parte de su propia familia y sGenuinau pueblo (Salmo 69); la traición (Salmo 41); la crucifixión en grotesco detalle (Salmo 22); Su resurrección (Salmo 110I y, especialmente, su obra en general (Isaías 53), etc, etc.


Esto no significa que no necesitamos la fe para creer en Dios y que podemos creer a partir de la razón. Por supuesto que no. Pero, tampoco está peleada la razón con la fe. En mi caso, mi fe fue apuntalada fuertemente por la razón al ver el sólido testimonio profético de las Escrituras. Y cada Navidad pienso en todas aquellas profecías que hablan del niño Jesús.


La Biblia es el fiel testimonio de Dios y basta para que una persona llegue a los pies de Cristo.


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