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¡Estuve Muerto; pero Ahora Vivo!

  • Marcos Delgado
  • hace 3 días
  • 2 Min. de lectura

Yo soy el que vive. Estuve muerto, ¡pero mira! ¡Ahora estoy vivo por siempre y para siempre! Y tengo en mi poder las llaves de la muerte y de la tumba. Apocalipsis 1:18


La mañana de la resurrección, narrada en Lucas 24:1-6, comienza con un ambiente de tristeza e incertidumbre. Las mujeres caminan hacia el sepulcro esperando encontrar un cuerpo sin vida. Pero, de repente todo cambia cuando escuchan: “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí; ¡ha resucitado!” Esa declaración no solo transformó ese momento, sino que sigue resonando hoy en nuestras vidas.


La resurrección fue un evento increíble, la evidencia del triunfo avasallador de Cristo: ¡una victoria absoluta y total! Sin embargo, muchas veces como creyentes vivimos solo una parte del evangelio. Sabemos que Cristo murió por nuestros pecados, pero en ocasiones dudamos de su victoria completa para nuestra vida. Vivimos vidas a medias, cuando en realidad nuestra vida en Cristo fue diseñada para experimentar lo imposible como posible.


Muchas veces nos encontramos como los discípulos camino a Emaús: llenos de tristeza, confundidos y sin darnos cuenta de que Aquel que camina a nuestro lado es el campeón de la cruz del Calvario, el que estuvo muerto pero ahora vive para siempre. Jesús caminaba con ellos y les recordaba todo lo que debía cumplirse, cada promesa, cada palabra. De la misma manera, nosotros necesitamos recordar cada día no solo las promesas, sino Quién fue el que prometió.


La resurrección nos invita a dejar de buscar vida en lugares equivocados: en el pasado, en errores o en aquello que nunca podrá llenar el corazón. Nos llama a levantar la mirada y a vivir con la certeza de que Jesús está vivo, y que Su poder sigue obrando hoy. Esto significa que no estamos condenados a repetir nuestra historia, sino que podemos caminar en una vida nueva, marcada por esperanza, propósito y transformación.


Además, esta verdad nos impulsa a vivir con expectativa. Jesús prometió que regresará, y esa promesa sostiene nuestra fe. Su segunda venida será la culminación de su victoria: todo será restaurado. Por eso hoy no solo recordamos que Él resucitó, sino que vivimos sabiendo que Su victoria también es nuestra victoria, y que un día veremos cara a cara al Señor que venció la muerte y que regresará en gloria.

 
 
 

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