¡Es Domingo!
- Gabriel Miyar

- 5 ago 2025
- 2 Min. de lectura
Todos los creyentes se dedicaban a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión fraternal, a participar juntos en las comidas (entre ellas la Cena del Señor), y a la oración. Hechos 2:42
“¡Es domingo! ¡Qué alivio! ¡No es lunes!” Cuando era niño, el domingo era la alegría de la semana, un día de descanso en el que, con un padre entusiasta y una madre que jalaba parejo, salíamos en familia a “dar la vuelta.” Durante mi infancia, mi papá acostumbraba sacarnos a mis hermanos y a mi al campo o a la presa, o algún otro lugar hermoso e interesante. Muchas veces íbamos a ver a los animales de la granja y hacer un picnic divertido. La verdad es que mi papá era excelente en los años de la infancia —ya en la adolescencia, el asunto se tornaba un poquito complicado. Pero, en la infancia todo era una aventura.
El único momento que no nos fascinaba, y tengo que ser sincero, era tener que ir a misa. Para nosotros, los niños era como una interreupción de la diversión. Era algo solemne, y estoy siendo sincero, aburrido, donde teníamos que permanecer absolutamente callados mientras una persona allá al frente lo hacía todo y la gente respondía de manera automática. Y si nos enviaban a confesarnos, podíamos salir con un coscorrón y una tarea de penitencia. Seguramente no para todos era algo así, pero para nosotros lo era.
Desde que conocí a Cristo a los 21 años, “¡Es domingo!” Se convirtió en algo emocionante por otra razón, no solamente por ser día de descanso y de familia y amigos, sino que, desde mi primera iglesia (El Camino en avenida Libertad, casi llegando a Tolsa) el domingo era algo que traía a Dios al centro de nuestras vidas, y de una manera atractiva y relevante.
Era una experiencia fresca e iluminadora. Buena música, alegre e inspiradora, y en la predicación los mensajes siempre abrían un panorama nuevo. Estábamos conociendo la Biblia y no era nada aburrida. Un buen predicador [piensa en Pedro en Hechos 2] podía tocar nuestros corazones y enviarnos a casa con mucho en qué pensar y muchas cosas nuevas que no sabíamos y tal vez algo de tarea, pero no como la de mi infancia. La gente, en general, era muy amable y el trato era cálido, y a veces había algún testimonio o alguna palabra profética, que te decía “aquí todo puede pasar.” Se sentía la presencia del Espíritu Santo.
Desde empecé a pastorear, los domingos han sido para mí la corona de la semana y me emociona pensar en lo que Dios hará cada domingo. He visto tantas cosas increíbles suceder en domingo y tantas vidas ser alcanzadas por el amor y la gracia de Dios, que los espero con anhelo. Mi oración es que tú también.
Lectura Bíblica:
Hechos 2

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