¿Envases Desechables o Recipientes Eternos?
- Gabriel Miyar

- hace 2 días
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¡Huyan del pecado sexual! Ningún otro pecado afecta tanto el cuerpo como este, porque la inmoralidad sexual es un pecado contra el propio cuerpo. 19 ¿No se dan cuenta de que su cuerpo es el templo del Espíritu Santo, quien vive en ustedes y les fue dado por Dios? Ustedes no se pertenecen a sí mismos, 20 porque Dios los compró a un alto precio. Por lo tanto, honren a Dios con su cuerpo. 1 Corintios 6:18-20 (NTV).
El argumento de Pablo viene desde el v. 12, donde cita a los Corintios que decían: “todo me es lícito” («Se me permite hacer cualquier cosa» —NTV) . Esto era una interpretación extrema del hecho de que los creyentes ya no estamos bajo la ley de Moisés. Así que Pablo los corrige y les dice, en primer lugar, sí, en efecto, todo me es lícito, pero no todo es conveniente, no todo edifica. Y segundo, sí, todo me es lícito, pero yo no me dejaré dominar de nada.
Pablo responde con dos correcciones clave:
1. No todo conviene → la ética cristiana no se mide solo por lo que está permitido, sino por lo que edifica.
2. No me dejaré dominar de nada → la verdadera libertad no esclaviza.
Aquí Pablo redefine la libertad: Libertad no es hacer lo que quiero, sino no ser controlado por nada, excepto por deseo de hacer lo que edifica a otros y a uno mismo.
El error teológico de fondo de los corintios era poner en contra el cuerpo contra el espíritu (vv. 13–14). Los corintios pensaban que lo único que contaba era el espíritu, el cuerpo era irrelevante espiritualmente. De ahí el argumento: “Los alimentos para el vientre y el vientre para los alimentos” (v.13). Este era un dicho de los corintios. Ellos comparaban el sexo con la comida: Así como el comer satisface una necesidad corporal pasajera, explicaban ellos, el sexo sería un acto biológicamente neutral, sin significado espiritual. Reducían la sexualidad a una función fisiológica sin implicaciones morales y teológicas. Pablo, les aclara que esto es un grave error. El punto es este: La comida y el vientre no definen la identidad cristiana, el cuerpo sí, porque está ligado a Cristo y a la resurrección: “Dios nos levantará de los muertos con su poder, tal como levantó de los muertos a nuestro Señor” (v. 14).
Pablo declara enfáticamente, “el cuerpo no es para la inmoralidad sexual, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo.” Es decir, el cuerpo tiene propósito, no es moralmente indiferente. Existe una relación recíproca: Tu cuerpo le pertenece al Señor, y el Señor se compromete con tu cuerpo para habitar en él y para culminar resucitándolo. El cuerpo no es un envase descartable con el que puedas hacer lo que quieras alegando que un día se echará en un hoyo, sino parte esencial de la vida en Cristo.
Pablo concluye con la cita del encabezado de esta reflexión. Nuestros cuerpos fueron hechos para ser habitación de Dios, por lo tanto, son un templo santo, que debemos mantener en completa santidad. Y, por cierto, ¡Pablo no dice “resistan,” sino “huyan” del pecado sexual!

Amén!