El Silencio de Dios
- Daniela Orozco

- 3 abr
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Cuando llegaron al lugar llamado la Calavera, lo crucificaron allí, junto con los criminales, uno a su derecha y otro a su izquierda.
34 —Padre —dijo Jesús—, perdónalos, porque no saben lo que hacen.
Mientras tanto, echaban suertes para repartirse entre sí la ropa de Jesús. Lucas 23:33-34 NVI
Hoy recordamos con profundo agradecimiento la crucifixión de Jesús. Sin lugar a dudas, fue algo extremadamente doloroso para nuestro Señor morir de una manera tan cruel, además de vergonzosa, pero a través de Su sacrificio Dios cumplió todas Sus promesas de salvación.
Hoy podemos tener acceso a la gracia que nos permite entrar a la presencia de Dios y disfrutamos de todas las bendiciones que promete a Sus hijos, únicamente porque Jesús fue a la cruz. Además, es impresionante que Él se mantuvo sin pecar y bendiciendo hasta el último respiro. Y ahora nosotros sabemos que Jesús también resucitó y vive para siempre.
Sin embargo, este pasaje también me lleva a reflexionar en el hecho de que muchas personas cristianas, que sabemos que Jesús murió para el perdón de nuestros pecados, no vivimos libres de dificultades o pruebas. Pienso que en el momento en que Jesús murió, Sus discípulos experimentaron el silencio de Dios durante todo el sábado. Ese silencio que te llena de dudas, ese tiempo cuando no sabes si Dios está haciendo algo, si ya no hay esperanza, si ya se terminaron todas tus oportunidades o si simplemente es el final de la historia.
A pesar de que nosotros sabemos que Jesús sí resucitó, podemos experimentar el silencio de Dios. No como un castigo, sino como un tiempo en que Dios está trabajando en la profundidad, donde no podemos darnos cuenta, y parece que no está pasando nada. Pero si permanecemos fieles y seguimos confiando en Él, aunque sea doloroso, seguramente vamos a experimentar también el poder de la resurrección. Entonces, cuando veas lo que Dios estaba haciendo y pase el tiempo difícil, tu fe va a ser tan firme que vas a reconocer el glorioso poder de le resurrección en tu propia vida.
Si tú estás pasando por ese momento de dificultad, no te desanimes y espera a ver lo que Dios hace en ti.
Señor, gracias por morir en la cruz. Gracias por ser fiel hasta el final. Gracias también por resucitar y vencer a la muerte. Déjame experimentar el glorioso poder de Tu resurrección y ayúdame a permanecer firme en el tiempo de dificultad. Amén.

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