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El Disfraz de Emaús

  • Foto del escritor: Gabriel Miyar
    Gabriel Miyar
  • 24 dic 2025
  • 2 Min. de lectura

“Entonces Jesús los guió por los escritos de Moisés y de todos los profetas, explicándoles lo que las Escrituras decían acerca de él mismo.” Lucas 24:27 (NVI)


Hoy es Navidad —en medio de los preparativos, la emoción de reunirnos en familia o con amigos entrañables, y expresar nuestro cariño, tal vez de manera modesta con algunos regalos— en el evangelio de Lucas dos seguidores de Jesús caminan muy desanimados de regreso a casa. Pero pronto su tristeza se convertirá en el gozo más profundo al tener un encuentro con Jesús.


Al principio no reconocen a este extraño —como muchas veces sucede con nosotros al acercarse Jesús a nuestras vidas en su disfraz de Emaús— y cuando Jesús les pregunta que por qué se ven tan tristes, ellos responden:


—Las cosas que le sucedieron a Jesús, el hombre de Nazaret—le dijeron—. Era un profeta que hizo milagros poderosos, y también era un gran maestro a los ojos de Dios y de todo el pueblo. Sin embargo, los principales sacerdotes y otros líderes religiosos lo entregaron para que fuera condenado a muerte, y lo crucificaron. Nosotros teníamos la esperanza de que fuera el Mesías que había venido para rescatar a Israel. Todo esto sucedió hace tres días. (Lucas 24:19-21).


Como dice en nuestra cita del encabezado, Jesús les explica usando las Escrituras que todos estos dolorosos sucesos estaban profetizados, como también el triunfo fue final del Mesías sobre el pecado y la muerte con su resurrección.


Finalmente llegan a casa y, fascinados, le ruegan a Jesús que se quede con ellos. Durante la cena, al bendecir el pan Jesús, “de pronto, se les abrieron los ojos y lo reconocieron”(v.31). Pero, Jesús desaparece. Entonces ellos emprenden —¡en ese mismo momento!— el camino de regreso a Jerusalén llenos de alegría para dar la noticia.


El cambio no podía haber sido más radical. En un abrir y cerrar de ojos o, más bien, en un cerrar y abrir de ojos. Jesús cambió toda su desesperanza en gozo. Tal vez en tu caso no sea tan instantáneo, pero te puedo asegurar que Jesús se ha acercado a tu vida para cambiar tu visión de las cosas y transformar el dolor, la ausencia, la oscuridad y la incertidumbre en esperanza segura por el gran amor eterno que siente por ti. Y por el poder que tiene para realizar su obra.


«Señor, abre mis ojos para verte en medio de las circunstancias, déjame descubrirte en la comunión que tenemos tú y yo; y si me siento distanciado y triste, déjame oír hoy tu voz reconfortante diciéndome: “No estás solo/a, he aquí yo estoy contigo todos los días hasta el fin.” (Mateo 20:28).»


Termina de leer hoy este fascinante recuento de los hechos de la vida de Jesús “entre nosotros” en Lucas, capítulo 24.


¡Feliz Navidad! ¡Nos volvemos a encontrar, con el favor de Dios, en enero del nuevo año!

 
 
 

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