El Diablo es Sutil
- C.S. Lewia
- 12 jun
- 2 min de lectura
Para que Satanás no se aproveche de nosotros, pues no ignoramos sus artimañas. 2 Corintios 2:11 (NVI).
La estrategia más eficaz del diablo no suele ser el mal espectacular y descarado, sino la distracción sutil, el hacer concesiones graduaes con el pecado y el alejamiento espiritual lento e imperceptible.
«El camino más seguro al infierno es el gradual: la suave pendiente, cómoda para caminar, sin curvas repentinas, sin postes de kilometraje, sin letreros que adviertan el peligro».
Las personas rara vez se despiertan una mañana y deciden rebelarse abiertamente contra Dios. Más bien, se van deslizando poco a poco: cediendo sus principios; mediante pequeñas concesiones; la negligencia en la oración; distracciones constantes e interminables; resentimientos que nunca se confrontan; apatía espiritual; preocupación excesiva por cosas triviales.
El diablo resulta inquietante no porque posea un poder espectacular, sino porque es paciente. Está perfectamente dispuesto a conformarse con pequeños pasos que alejen a una persona de Dios, acumulados durante años.
El diablo rara vez comienza con pecados escandalosos. En lugar de eso, fomenta: la confusión en vez del pensamiento claro; el activismo y la ocupación constante en vez de la incredulidad abierta; el orgullo disfrazado de virtud; la hipocresía religiosa; concentrarse en los defectos de los demás en lugar de examinar los propios.
El mal suele presentarse como algo ordinario, respetable e incluso sensato. No siempre nos tienta con cosas obviamente perversas. Lo más inquietante de todo es que los demonios suenan razonables. Con frecuencia nos tienta a ser un poco menos atentos a la verdad, un poco menos amorosos, un poco menos despiertos espiritualmente.
Para muchos cristianos, esa comprensión —que la ruina espiritual suele llegar más por negligencia que por rebelión abierta— es la lección más sobria y penetrante que podemos aprender del modus operandi del diablo
Señor, ayúdanos a reconocer estas cosas sutiles y graduales mediante las cuales el diablo nos distrae y nubla nuestros ojos y oídos espirituales, a fin de no escuchar tu voz. Haznos conscientes de todas estas artimañas y protégenos por medio de tu Espíritu Santo. Amén.

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