El Corazón de Saúl
- Gabriel Miyar

- 11 nov 2025
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Entonces Samuel dijo: —¿No es cierto que, aunque te creías poca cosa, has llegado a ser jefe de las tribus de Israel? ¿No fue el Señor quien te ungió como rey de Israel? 1 Sam. 15:17 (NVI).
Al principio Saúl parecía tener un corazón humilde. Cuando el profeta Samuel implica que Saúl y su familia están destinados a la grandeza, Saúl responde: “—¡Pero solo soy de la tribu de Benjamín, la más pequeña de Israel, y mi familia es la menos importante de todas las familias de la tribu! ¿Por qué me habla usted de esa manera?” (1 Sam. 9:21).
Pero, en realidad, pronto descubriremos que no era humildad, sino que se trataba realmente de una baja autoestima. Esto llegaría a ser crucial en la historia de Saúl y David, porque Saúl siendo tan inseguro, amenazado por el éxito de David, llegará a ser consumido por los celos. En lugar de traerlo bajo su mentoría, decide tratar de eliminarlo.
Su corazón era temeroso del “qué dirán” y de las opiniones de los hombres. Era un rey débil e influenciable. Cómo dice Eugene Peterson de otro rey israelita: “era como un malvavisco en el que todo mundo imprimía su huella.” Cuándo Samuel, lo reprende por adelantarse a ofrecer el sacrificio antes de la batalla, Saúl responde: “—Vi que mis hombres me abandonaban, y que tú no llegabas cuando prometiste…” (13:11).
Más adelante, Dios le ordena destruir completamente a Amalec, pero Saúl desobedece y guarda lo mejor del botín. Cuando Samuel lo confronta, el admite: “—Es cierto, he pecado. He desobedecido tus instrucciones y el mandato del Señor, porque tuve miedo del pueblo y por eso hice lo que ellos me pidieron (15:24). Y añade: “pero te ruego que perdones mi pecado” (v.25). Pero, no es perdonado. ¡Qué curioso, David, es perdonado de adulterio y asesinato, y Saúl no es perdonado de debilidad de carácter y desobediencia!
La diferencia, de nuevo, está en el corazón. Su corazón era rebelde y desobediente. Por eso Samuel le dice:
La rebelión es tan pecaminosa como la hechicería,
y la terquedad, tan mala como rendir culto a ídolos.
Así que, por cuanto has rechazado el mandato del Señor,
él te ha rechazado como rey. (15:24).
Después, endurecido al grado de ser incapaz de arrepentirse y consumido por los celos hacia David, termina con un corazón atormentado: “Ahora bien, el Espíritu del Señor se había apartado de Saúl, y el Señor envió un espíritu atormentador” (16:14).
Finalmente, como acto de rebelión última, Saúl termina consultando a una adivina (cap. 28), lo cual muestra hasta qué punto se había alejado espiritualmente.
«Señor, qué miedo dejar entrar a este tipo de cosas en mi corazón; por favor, Señor, hazme consciente de estas cosas, y si ves que algo de esto está en mi corazón, trata conmigo como tú consideres que es mejor.»

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