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  • Foto del escritorGabriel Miyar

El Amante Divino

A estas alturas, la cita de Santiago 4:5 debería estar bien clara para nosotros. El Espíritu Santo es un Amante. Está absorto con nosotros. Quiere que seamos completamente suyos y desea que nuestro amor esté dirigido completamente hacia él (y hacia el Padre y hacia Jesús, por supuesto).


Cuándo caminamos y hablamos como los no-creyentes y le ofrecemos nuestra vida a otras cosas, el Espíritu Santo se siente como un Amante al que se le ha robado. (Sé que el sustantivo “amante” en nuestra cultura tiene una connotación negativa, pero yo lo estoy usando como alguien que está enamorado en una relación lícita). Este Amante burlado siente un celo vivo por restaurar nuestra relación con él. Sus sentimientos son intensos en contra de la mundanalidad que usurpa su lugar en nuestras vidas. Y se esmera por corregir esta situación.


El Espíritu Santo no es un compañero pasivo. Nos persigue a ti y a mi de manera activa y agresiva. El Anhela ardientemente tener más de ti y de mí. Cuando nosotros le damos cualquier área de nuestro ser a algo más o alguien más, él se mueve para re-capturar esa área y traerla de regreso a su nido de amor.


Cada uno de nosotros vivimos en el mundo, trabajamos en el mundo y funcionamos como seres humanos en el mundo. No hay manera de evitar esto. Jesús no oró que fuéramos quitados del mundo, sino que fuéramos librados de su influencia (Juan 17:15).


No tiene absolutamente nada de malo ir a trabajar, y hacerlo arduamente, comprar una casa, adquirir un vehículo, o disfrutar de ropa nueva. Todas esas cosas son increíbles y muy necesarias en este mundo. No están mal, a menos que consuman por completo nuestros pensamientos.


Recordemos el hecho de qué hay una gran cantidad de cosas que pueden absorber nuestros pensamientos. ¡Aún el ministerio puede tenernos tan absortos que no podemos pensar en el Espíritu Santo o dedicarnos a nuestra relación con él! Sí, eso parece una contradicción, pero es muy posible estar tan involucrado en la obras de Dios que dejamos de pasar tiempo con el Señor, de leer su Palabra, de escuchar lo que el Espíritu Santo nos quiere decir al corazón.


A veces solamente se trata de las preocupaciones de esta vida que nos jalan para alejarnos del Espíritu Santo. Podemos estar tan ocupados —tan comprometidos en hacer tantas cosas— que nuestra vida espiritual acaba por deteriorarse. Tan sorprendente como parezca, aún las cosas buenas de la vida, si las llevamos a un extremo, pueden hacerse adúlteras a los ojos del Señor.


Sólo el Espíritu Santo sabe como traer el equilibro a nuestras vidas. Y la única manera en la que puede hablar con nosotros y mantenernos equilibrados es si abrimos nuestros corazones y nuestros oídos espirituales a él. Pero eso no sucederá si no estamos apartando un tiempo fijo con él todos los días.


Esta es mi pregunta para ti: ¿En que se enfocan tus pensamientos la mayor parte del tiempo? ¿En tu trabajo? ¿En tu ministerio? ¿En una persona en particular? ¿En tu hobby favorito? ¿En tus quehaceres domésticos? ¿En remodelar tu casa? La respuesta esa pregunta te dirá lo que consume la mayor parte de tu vida. Entiendo que hay periodos especiales en los que tenemos que enfocarnos en alguna necesidad apremiante, pero el problema es que a menudo nos sucede todo el tiempo.


Tú puedes trabajar en tu profesión o actividad económica sin perder tu profundo afecto y sensibilidad al Espíritu Santo. No te mientas a ti mismo diciéndote que no puedes, porque tu corazón sabe que si puedes.


Tú puedes ser un cónyuge increíble y un padre o madre de familia dedicado y a la vez crecer en tu relación con el Espíritu Santo. Tú sabes que sí.


Jamás te digas a ti mismo que tienes demasiado que hacer y que no puedes pasar tiempo con el Señor. La verdad es que la mayoría de la gente hace lo que quiere hacer en la vida. Si tener una comunión con el Espíritu Santo es una prioridad en tu vida, harás tiempo para estar con él. Si la comunión con él no es una prioridad, no lo harás. Así de sencillo.


Tal vez tú has estado leyendo este blog y pensando tengo tanto que aprender del Espíritu Santo. No sabía que se suponía que debía tener este nivel de comunión con él. Pues, me alegra que puedas verlo.


Si ese eres tú, te encuentras en el mejor lugar. El día de hoy estás en el umbral de un nuevo tiempo con Dios. El apóstol Pablo oraba “Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes.” 2 Corintios 13:14 (NTV).


Te animo a que profundices en esa comunión y subas así de nivel en tu relación con Dios. Espero que llegues a conocer esa cercanía y disfrutar de asociarte íntimamente con el Espíritu Santo tanto como él lo anhela.


Gracias por tus comentarios.

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