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Dos Hijos Bien Perdidos

  • Foto del escritor: Daniela Orozco
    Daniela Orozco
  • 15 dic 2025
  • 2 Min. de lectura

»Sin embargo, su padre dijo a los sirvientes: “Rápido, traigan la mejor túnica que haya en la casa y vístanlo. Consigan un anillo para su dedo y sandalias para sus pies. 23 Maten el ternero que hemos engordado. Tenemos que celebrar con un banquete, 24 porque este hijo mío estaba muerto y ahora ha vuelto a la vida; estaba perdido y ahora ha sido encontrado”. Entonces comenzó la fiesta. Lucas 15:22-24 (NTV).


En este capítulo de Lucas leemos la historia del hijo pródigo, la cual nos revela mucho del corazón de Dios y de nosotros como sus hijos. Por un lado, vemos a un padre que estuvo dispuesto a entregarle la herencia a su hijo menor cuando él se la pidió y lo dejó toparse con la realidad del mundo, probablemente confiando en que volvería después.

Por otro lado, vemos a los hijos. El hijo menor se fue lejos de la casa de su padre porque creía que lo bueno y divertido de la vida estaba lejos, fue poco sabio, gastó de mala manera el dinero que no le había costado trabajo ganar y experimentó lo que es no tener nada ni a nadie que te cubra cuando te va mal. El hijo mayor se quedó en la casa de su padre, pero su corazón estaba lejos de él, no se sentía amado ni valorado y muy probablemente no se acercaba a tener una relación con su padre.


Finalmente, el hijo menor regresó y pudo experimentar el perdón y le amor de su padre. La parábola no nos dice qué decidió el hijo mayor, si decidió volver su corazón al padre o decidió permanecer alejado y amargado. Cada uno de nosotros puede identificarse con alguno de los hijos y todos tenemos la oportunidad de volver nuestro corazón al Padre y experimentar su amor y cuidado.


“Señor, gracias porque podemos llamarte padre, porque nos amas y nos cuidas. Ayúdanos a permanecer en Tu amor siempre”.

 
 
 

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