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  • Foto del escritorGabriel Miyar

¡Domingo!

Él da poder a los indefensos y fortaleza a los débiles. Hasta los jóvenes se debilitan y se cansan, y los hombres jóvenes caen exhaustos. En cambio, los que confían en el Señor encontrarán nuevas fuerzas; volarán alto, como con alas de águila. Correrán y no se cansarán; caminarán y no desmayarán. Isaías 40:29-31


¡Qué increíble promesa! Hasta se antoja fantasiosa. ¿Será posible que por mucha actividad, ya sea de tipo laboral o ministerial, que realicemos, no importa si son muchas cosas y pesadas, podemos llevar una vida en la que nuestras fuerzas se renuevan continuamente? Una vida en la que, pesar de la edad que tengamos, podemos ser la envidia de gente más joven y más fuerte. Que podemos llevar una vida que se describe como “volando alto con alas de águila.” ¡Suena increíble! El único requisito para que esta promesa se cumpla es que aprendamos a confiar plenamente en Dios.


Toda esta semana hemos hablado de prioridades —y, en cierta forma, de equilibrio, manteniendo verdades complementarias en una sana tensión. Confiar plenamente en Dios, pero también trabajar arduamente. Anhelar prosperar y estar siempre mejor de lo que estábamos el día de ayer, pero a la vez no cruzar la líne a la avaricia. Sobre todo, anhelar estar mejor con Dios. Cuando ese es nuestro anhelo central todo lo demás se acomoda, y lo que resulta es una vida equilibrada y llena de fortaleza. Cuándo nos afanamos y este afán nos lleva no sólo a excedernos en nuestra actividad económica o ministerial, sino a intentar llevarla a cabo en nuestras propias fuerzas, podemos acabar exhaustos y desgastados.


El domingo era originalmente el primer día de la semana, y en el Espíritu sigue siéndolo. Porque el domingo es un recordatorio de la centralidad de Dios en nuestras vidas. De hecho, la palabra “domingo” viene de latín dominus dies, “día del Señor” (es el único día de nuestra semana que no tiene un nombre pagano). El domingo nos recuerda que Dios es la fuente primaria de toda nuestra bendición y bienestar. El domingo nos recuerda que no tenemos lo que tenemos realmente por nuestros esfuerzos, sino por la gracia de Dios. Que Dios, al ponerlo en primer lugar, potencia nuestra actividad y hace que rinda frutos.


El domingo nos recuerda que primero que nada somos adoradores en Espíritu y en Verdad. Que allí es donde glorificamos a Dios y nos renovamos al volver a centrar nuestras vidas en Su voluntad y recordar qué es lo más importante.


«Señor, aunque nuestras vidas están completamente dedicadas a ti, hemos apartado un día especial para recordar que Tú eres el Centro de nuestras vidas. Para cesar toda nuestra actividad laboral y centrarnos en adorarte. Te pedimos que renueve nuestras fuerzas en esa adoración y que nos enseñes ese descanso interior profundo que proviene de poner toda nuestra confianza en Ti. Te lo pedimos en el nombre de Cristo Jesús, amén.»


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